Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Santo Domingo de Silos

Vivencias del alma: Santo Domingo de Silos II

Imagen
'Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntas por quién doblan las campanas; doblan por ti'. [John Donne (1)] E l tañido de las campanas de la abadía me aleja, por un momento, de la catarsis ensoñadora que me envuelve. La lluvia -fenómeno que tal vez ocurra en el pasado, como dijera Borges- fiel compañera durante toda la mañana, se desliza con suicida rapidez cuesta abajo, mimetizándose en pequeños afluentes que van a desembocar al río Ura. Un río que, seguramente procedente de esos pueblecitos donde las gentes lo bautizaron como Mataviejas, arrastra en su caudal gran cantidad de arena y barro que va devorando con saña en las riberas, y puede que t...

Vivencias del alma: Santo Domingo de Silos

Imagen
Un día me iré sin haberte conocido nunca... [Arturo Pérez Reverte (1)] A rrecia la lluvia, cuando me acerco a esa boca de lobo que es el túnel de Somosierra. Un camión quitanieves permanece estático en el arcén y los destellos anaranjados de la luz de aviso situada encima de la cabina, se me antojan, por un momento, el preludio mortecino de una actuación de bodevil. El telón de fondo es un cielo gris, tristón, que se vacía con nostalgia en unas laderas todavía cubiertas de nieve. No soy buen actor; nunca lo he sido. Si hubiera sido buen actor, sin duda hubiera preparado el guión, hubiera absorbido cada letra, cada palabra de su contenido y lo hubiera canturreado con la naturalidad de un genio frente a un público boquiabierto que, a pesar de todo, seguramente no me hubiera entendido. Pero en el día de hoy, mi único público soy yo mismo; también soy ese actor tan gris, o más, quizás, que ese cielo que, lejos de ampararme y concederme un momento de respiro, me arroja con saña su pe...