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Mostrando las entradas etiquetadas como recuerdos y vivencias de un caminante

Buscando dragones por la Alcarria

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L a Alcarria y sus enigmas. Probablemente, uno de los lugares que todavía conserva un resto muy significativo de esos misterios que en forma de bestia apocalíptica aterrorizaban al hombre medieval, se localice en ésta escondida población de Valdeavellano, y más concretamente, en su iglesia dedicada a una figura que, por las encendidas polémicas levantadas a lo largo de los siglos, bien podría ser considerada, al menos metafóricamente hablando, como Nuestra Señora de las Tormentas : María Magdalena. En efecto, la iglesia a ella dedicada, si bien bastante reformada, hasta el punto, por ejemplo, de no hallar rastro alguno de los capiteles originales, que presumiblemente tuvo que tener su galería porticada, conserva, no obstante, esa dulce rusticidad, que se aprecia, sobre todo, en su ábside o cabecera, así como una interesante portada principal, que hemos de situar en el lado sur de la nave, donde se advierten, en algunos de sus elementos, como los nudos de la segunda arquivolta –que ...

De la Alcarria peregrina: el monasterio de Monsalud

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A unque parezca increíble, en vista de su aspecto actual, el monasterio de Monsalud fue el más antiguo y a la vez, el más poderoso de los cuatro monasterios fundados por la Orden del Císter en la provincia de Guadalajara. De los otros tres, el monasterio de Bonabal, situado en las proximidades de Retiendas, corrió pareja suerte, y hoy día apenas es una ruina irreconocible donde Mater Gaia, progresivamente, va recuperando lo que en buena ley le pertenece. Otro tipo de suerte bien distinta, sin embargo, corrieron los monasterios de Óvila y de Buenafuente del Sistal. Mientras que éste último continúa albergando una comunidad de monjas del Císter y alentando retiros espirituales entre los conversos, el monasterio de Óvila –situado en las proximidades de lo que siempre se han conocido como las Tetas de Diana-, fue trasladado, piedra a piedra a los Estados Unidos, a la mansión de Randolph Hearst, el que fuera uno de los más grandes magnates del mundo del periodismo, cuya vida fue magistr...

Cuenca: el Seminario de Villalba de la Sierra, el Ventano del Diablo y la Ciudad Encantada

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V illalba de la Sierra, es un pueblo que se sitúa, aproximadamente, a una veintena de kilómetros de la capital conquense, pudiéndose añadir que su paso es poco menos que obligado para todos aquellos que tengan la intención de dirigirse hacia esos dos grandes hitos de magia natural, que son la Ciudad Encantada y el nacimiento del río Cuervo. De hecho, es precisamente a partir de aquí, cuando el paisaje deja de ser soberanamente solano, un tanto monótono y por defecto lineal, para transformarse en extravagancia gótica, donde dos inigualables canteros –la erosión y un río poblado de multitud de leyendas sobre ninfas y dianas, el Júcar-, se pusieron de acuerdo, hace milenios, para elaborar en silencio, sin prisa pero sin pausa –como requiere toda buena artesanía-, un mundo fantástico en el que quebradas, farallones y singulares desfiladeros semejan, metafórica y comparativamente hablando, templos y catedrales naturales, donde todavía se respira, a poco que se ponga en guardia el olfato...

Cuenca: San Pantaleón o las nieves de antaño

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S e pregunta el peregrino, observando con tristeza los tristes muñones de lo que, allá por el siglo XII, fuera la ermita de San Juan Bautista, posteriormente conocida como de San Pantaleón, si quizás los custodios del Camino, ese Temple anegado en polvo y sudor que fue bautizado en el martirio al amparo de los Santos Lugares, y del que dicen los olvidados cuentos de la abuela que rendían pleitesía aquí al santo Jano cristiano del equinoccio de verano y también al santo médico –el milagro de la licuefacción de cuya sangre, maravillaba originalmente a los peregrinos medievales que se adentraban por el norte de Burgos, y más concretamente, por su Merindad de Losa-, huyeron un día de otoño hacia aquél otro santuario inaccesible, pero quizás más seguro, después de todo, donde el poeta Villon situaba –yo sigo opinando, que dejándose aconsejar por una adolecida Musa de la Melancolía-, las nieves de antaño. El lugar, situado a escasos metros de la catedral, semeja un desgarro de forma rect...

Cuenca: la catedral de Santa María de Gracia

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A lgo parece seguro: y es que cierzos ventosos hicieron que las ocas de Huelves levantaran el vuelo, llegaran a Cuenca y después del cruento asedio a que fue sometida la guarnición mora y en el que destacó el arrojo de ciertos monjes-guerreros, custodios, por otra parte, del Camino, dejaran una apreciable dosis de su arcana sabiduría, no sólo en los escudos heráldicos –algunos, malheridos por esa rémora que acompaña siempre al tiempo y que se llama erosión-, en las viejas arcadas con las que de cuesta en cuesta se va uno tropezando mientras recorre la espiral de callejas en ascenso de la parte antigua, sino que también, y sobre todo, en esa espléndida joya gótica en la que, como se aventuraba en la entrada anterior, no sólo pintan Copas y Espadas, sino que además, por desgracia, sufrió los embites demoledores del mazo de Bastos en una partida contemporánea, perdiendo parte de su estructura original, detalle por el que puede infundir la sensación de parecer una torre de Babel inacab...

El Camino de las Ocas pasa por Huelves

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N o vi rastro de la Nave Blanca de Lord Dunsany, cuyas huellas creí vislumbrar en Ávila, extramuros y a orillas del río Adaja; pero en ese frenesí que es la vida, en definitiva ese sueño esa ilusión , sí percibí –o así al menos me lo pareció-, un lugar de anidaje de una misteriosa y anónima bandada de ocas itinerantes, que es de suponer que dejándose llevar por los intrépidos avatares de la Reconquista, recalaron poco menos que a la vera de una ciudad que lleva por nombre el apellido de un cardenal que, como Constantino, también vio ese invictus et in hoc signo vinces en el cielo: Tarancón. Huelves se llama el lugar en cuestión y hemos de situarlo –tiro de piedra va, tiro de piedra viene- a unos setenta kilómetros de una capital, la conquense, en cuya catedral pintan no sólo Copas, sino también Espadas templadas en el bautismo del martirio y a juzgar por lo perdido, también algún que otro Basto, cuyo golpe devolvió los husos de sus pináculos al cesto de la Parca. D e este conc...

Ávila: la peregrina iglesia de Santiago

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A orillas del río Piedra me senté y lloré …Así comienza una obra entrañable de esa extraña, cuando no stevensoniana personalidad entre peregrino, escritor, poeta, místico y novelista que caracteriza a ese soñador de caminos –quizás los mismos que antes que él, perturbaran la brújula de poetas expertos en barquitos de papel y mundos concebidos dentro de pompas de jabón, como Machado-, llamado Paulo Coelho. Mentiría si dijera que la última vez que estuve en Ávila –un domingo de febrero, de un año que poco importa porque apenas ha comenzado a dar sus primeros bostezos y aun puede presumir de barbilampiña sonrisa e infantil poderío sabiendo todavía lejos la tradicional Misa del Gallo , preludio al anuncio de su próximo Getsemaní -, me senté a orillas del río Adaja y lloré. Pero sí es cierto, que no por más teresiana que se precie o con más halo de mística medievalidad con la que se engalane de cara a presentar las credenciales de su inherente protagonismo en el bien llamado Siglo d...

Infiesto: Santuario de la Virgen de la Cueva

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Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... E co de esas manifestaciones de la Gran Madre , surgidas desde lo más profundo de la noche cavernaria y útero metafórico al que retornó el primer homínido en busca de consuelo y protección, algunos enclaves todavía parecen transmitir, a pesar del exceso de beatitud judeo-cristiana que los engalana, cual hacen las bolas en el tradicional árbol de Navidad, parte de ese ancestral magnetismo que hizo de ellos lugares sin duda alguna especiales. Infiesto, a escasa distancia de Arriondas y del entorno mágico de Cangas de Onís, Covadonga y los Picos de Europa, conserva, algunos insignificantes metros más allá de donde Tánatos expende billetes para la nave de Caronte -el Tanatorio-, uno de esos lugares especiales y posiblemente, también, el origen de aquélla coplilla popular que los sufridos aldeanos dedicaban a los cielos y los niños -cuando el Corte Inglés y los juguetes apenas eran u...

La Cabrera: convento de San Antonio

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N o es falta de valoración, pero sí de conocimiento, aquello que muchas veces nos induce a buscar fuera de las fronteras de la comunidad donde vivimos, unas maravillas que, por afortunadas circunstancias, parecen ser más prolíficas en comunidades foráneas. En este caso, y bueno es reconocerlo, puede decirse que ignorancia - mea culpa, Sophia me absolva - y casualidad -dudo que no se pudiera aplicar aquí el parámetro causalidad, o como diría Paulo Coelho, cada uno llega a los sitios en el momento en el que se les espera , pero eso ya es otra historia que tal vez cuente algún día cuando hable de ese curioso fenómeno que se llama sincronismo -, me sorprendieron cuando hace unas semanas emprendí un viaje corto sin más objeto que valorar y cumplir con una invitación a comer, así como con la perspectiva de pasar unas breves horas en grata y amistosa compañía. Cierto es, también, que junto con la invitación y parafraseando a Goethe, se me tentó con la vieja levadura , haciéndome saber de...

Brihüega: iglesia y santuario de la Virgen de la Peña

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'MEFISTÓFELES: No es bueno descubrir tan gran misterio... Hay diosas en sus tronos solitarios, que no rodea el tiempo ni el espacio; resulta muy difícil hablar de ellas. ¡Son las Madres!'. [Goethe: 'Fausto'] S iempre resulta una experiencia realmente emocionante, tener la oportunidad de acceder a un antiguo lugar de culto, independientemente de la provincia donde éste se sitúe, sin importar, después de todo, que los efectos del tiempo y sobre todo, aquellos quizás más importantes provocados por la mano del hombre, resten una buena parte de la excelencia sacra que éste tuvo en su momento. Uno de los más interesantes, y a la vez, del que todavía podemos sacar relevantes conclusiones, no es otro que este Santuario de la Virgen Peña. Localizado en la histórica ciudad alcarreña de Brihuega, nos revela no sólo lo que debió de ser, en tiempos, un verdadero centro espiritual de culto a la figura primordial de esa Gran Diosa Madre que, llámese como se quiera –...

Betanzos...de los Caballeros

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B etanzos es un poema. Un poema de rimas melancólicas que, como las nieves de antaño en las que se refugiaba el poeta Villon cuando el otoño pintaba estrellas de ocre fugacidad en su pecho, aluden a un pasado que tal vez no fuera mejor, pero seguramente sí más interesante. De hecho, el peregrino, el caminante o simplemente el taciturno buscador de quimeras que piense en él, reparará que su sobrenombre, de los Caballeros , no es una gratuidad, sino que éstos figuran en su pasado con similar persistencia a como el árbol, antecesor de la cruz, figuraba per secula seculorum en los escudos del antiguo reino del Sobrarbe; entiéndase, nuestro actual Aragón. Pulcra e inmaculadamente aposentado en su honorífico sillón, el docto historiador –a su manera, poeta también, pero de la rima sosa y fácil de la Historia-, verá en esa referencia, una alusión inequívoca al universo estelar de la nobleza galaica, cuya estrella principal, sin llegar, no obstante a alcanzar la luminosidad de Sirio o a ...

La Torre de Hércules

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H ay quien opina, que en este mismo lugar estuvo un día situada la bailía templaria de Faro, que daría origen a esta hermosa ciudad que es La Coruña. Otros, por el contrario, opinan que no, que en realidad, ésta se encontraba entre las marismas situadas más al interior. Y por supuesto, hay también muchos que ni siquiera consideran la presencia de los monjes guerreros ni en este preciso lugar, ni tampoco en sus alrededores y que los establecimientos del Temple en Galicia no fueron tan importantes como pudiera pensarse a priori y como nos gusta especular a los románticos. En realidad, tampoco importa mucho el detalle de si, en lo más alto de este faro que, según cuenta la leyenda, se eleva sobre los restos del rey Breogán -desmadejado en tiempos protohistóricos por la certera maza de aquél posterior Cristobalón que fue Hércules-, hubo en algún nebuloso momento del siglo XII, centinelas templarios oteando un horizonte sombrío, cuya neblina matinal en muchas ocasiones ocultaba la lleg...

Santa María de Cambre

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S e dice, se comenta, se rumorea que en Cambre hubo monjes cambeadores que ejercieron también el noble arte de la hospitalidad, atendiendo a los peregrinos que se dirigían a la tumba del Apóstol, siguiendo las pautas del camino de la costa, aquél que también se denomina Camino Inglés y que cuenta, o contaba en el pasado, con muchos lugares de atención. Y dicen, también, que aquellos monjes guerreros mostraban con orgullo una cruz roja en sus blancas vestiduras, a la altura del corazón, lugar que suele atraer como un imán a las flechas más certeras, independientemente de cuales sean las intenciones del Cupido en ciernes que las lance. Por otra parte, y al igual que esos muertos , a los que C.G. Jung dedicó lo que posiblemente sean sus sermones más gnósticos y crípticos, no se sabe a ciencia cierta si vinieron de Jerusalén sin encontrar lo que estaban buscando o sí vinieron de la ciudad santa, por contra, con las alforjas repletas de tesoros como aseveran numerosas leyendas. Pero, s...

Santa María la Real de Sar

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'...el occidente. Allí se pone el sol. Allí está el auténtico crepúsculo y es más bonito que aquí. Sólo allí, en occidente, el mundo se da cuenta de que muere. Por eso, en occidente, los hombres aman la historia; porque ella les recuerda incesantemente que los hombres y las civilizaciones son mortales...' (1) E n el Camino de Regreso, el peregrino recala por segunda vez en Compostela. Pero en ésta ocasión, lo hace lejos -o cerca, según se mire- de la Plaza del Obradoiro, de las exquisiteces no siempre bien comprendidas del Maestro Mateo y sin la necesidad implícita de volver a presentar sus respetos a los restos mortales del Apóstol o, en su defecto, a las cenizas de Prisciliano. Sus pensamientos, a veces vitales a veces mortales, como ese occidente que, según Mircea Eliade vive tan apegado a su sentido de la propia mortalidad, van y vienen, vienen y van en tal sucesión, que hay un momento en el que, comparativamente hablando, piensa que en su interior se está desarrolla...