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De Lena al Monsacro, por la Ruta de las Reliquias

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‘¿A dónde vas romero, Por la calzada? Que yo no soy romero, soy santiaguero. A Roma van por tierra, yo miro al cielo. Va la luna conmigo descalza. Y sigo’. [Gerardo Diego] A ctualmente, cuando se están reactivando los mil y un caminos que desde cualquier lugar de España conducen a la tumba del Apóstol, en Santiago de Compostela (1) –reactivándose, de paso, las importantes cuestiones económicas que en el fondo subyacen detrás de la Inventio- muchos peregrinos vuelven su mirada hacia el Camino Primitivo: aquél que, seguido por Alfonso II y su corte desde Oviedo, supuso el comienzo de la gran aventura que, después de todo, es el Camino de las Estrellas. No olvidemos nunca, el dicho ancestral que decía que quien va a Santiago y no al Salvador, visita al siervo y olvida al Señor . Igualmente, muchos son los caminos que los peregrinos recorrían a lo largo y ancho de la geografía asturiana, siendo, quizás, el menos complicado, aquél que recorría la costa, desde puert...

Un hito en el Camino de Madrid: la iglesia de San Ginés

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S ituada a escasos metros de esa Puerta del Sol -recordemos, que hasta ciudades trogloditas no exentas de encanto, como Tiermes, tuvieron también la suya- y ese poco menos que místico kilómetro cero, en plena calle del Arenal -lo que nos puede dar una idea aproximada de lo que era este lugar cuando después de la conquista agarena, la romana Madritum se convirtiera en la árabe Magerit -, la iglesia de San Ginés conserva, en las masónicas proporciones de su planta, una de las colecciones artísticas más amenas e interesantes, que la convierten, de hecho, en un pequeño y espectacular museo, que bien merece la pena visitarse. Es de este modo, como se puede llegar a la conclusión, de que la historia del lugar, aunque antigua y qué duda cabe, interesante, se reduce, no obstante, a un segundo plano, frente a los detalles de hermosura y heterodoxia que ha de proporcionar, posiblemente, claves discretas, no sólo para el peregrino que un día se acerca a Madrid utilizando los senderos -...

Om Mani Padme Um: magia oriental en el corazón de Madrid

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D ice Joaquín Sabina, en una de sus canciones más conocidas, que él también se apea en Atocha . Como casi todos los visitantes, sin importar origen y condición, que un día recalan en esta ciudad que, aún a pesar de los pesares, tiene la rara cualidad de recibir a todo el que llega, si no con un caluroso abrazo, sí al menos con un guiño de ojos que el otro interpreta inmediatamente como una cita: te espero en el kilómetro 0. Debe de ser así, porque si no, no se explicaría que todo el que llega, vuelvo a repetir, sin importar origen, credo o color, tarde o temprano, termina paseando por la Puerta del Sol y sus alrededores. Tampoco importa la época, aunque el invierno, con esa invitación al canabalismo consumista que apadrina con el eslogan de Blanca Navidad , parece ser la estación más idónea -supongo que porque en mayor medida, a todos nos embarga esa morriña solidaria que olvidamos con la última campanada cada 31 de diciembre- para que ese Mundo de la Ilusión en que vivimos -Maya,...

Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo y Feliz Camino

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'Cada nuevo ciclo en la vida significa una muerte interior, una pérdida que, en muchas ocasiones, resulta sumamente dolorosa. Pero después de toda muerte se resucita a una nueva vida y no nos está permitido dejar de "caminar"' (1) E stamos prácticamente en vísperas de Navidad. Muchos caminos están cubiertos de nieve. En algunos de ellos, las huellas que va dejando el peregrino, mueren detrás de él. Como está a punto de morir este año. Y lo hace, para que otro nuevo comience a florecer, comience a vivir. Ahí está, a la vuelta de la esquina, a punto de ser parido a través de esa vagina solsticial , esa jauna infernii con la que Jano , el dios ambivalente, el de las dos caras, nos viene sorprendiendo a lo largo de los siglos. Aún no tiene rostro; ni tampoco una personalidad definida. Pero por alguna extraña razón, todos lo llevamos en el corazón. Y por alguna extraña razón, también, todos pensamos que será rubicundo, que tendrá las mejillas sonrosadas, los ojos...

El gigante del Museo Nacional de Antropología de Madrid

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S e le conoce como el Gigante Extremeño , pero su verdadero nombre era Agustín Luengo Capilla. Su esqueleto no apareció, rodeado de ajuares funerarios, en ninguno de esos enigmáticos templos megalíticos, cuya autoría el investigador francés Louis Charpentier (1) atribuía a una raza de gigantes que habitó el planeta en tiempos anteriores al Neolítico. En realidad, su cuerpo tampoco se encontró por casualidad en esos inhumanos almacenes de tristezas y olvidos que son los osarios, ni fue inhumado, en olor de multitudes y botafumeiro,  de ninguno de esos potenciales cementerios medievales que, en el fondo, son la mayoría de iglesias románicas. De haber seguido con vida, hoy tendría, aproximadamente, la edad de 186 años y hubiera sido un candidato perfecto para ampliar la lista matusalénica que hace de la Biblia el Libro Guinnes de los récords de longevidad conocidos. Sus orígenes, como el mío, como posiblemente el de Vd. o como el de aquél otro que, aunque poco me...

El Ángel Caído

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¡ Cómo has caído del cielo, lucero brillante, estrella matutina, derribado por tierra, vencedor de naciones!. Tú que decías en tu corazón: "Subiré a los cielos, por encima de los astros de Dios elevaré mi trono, me sentaré en el Monte de la Asamblea, en el límite extremo del norte. Subiré sobre las alturas de las nubes, me igualaré al Altísimo". ¡Pero al seol has sido derribado en el extremo más hondo del pozo!..., el peregrino cerró las Sagradas Escrituras, sin olvidar situar la cinta sobre el pasaje de Isaías, que revelaba -críptico, como el Apocalipsis de San Juan-, uno de los episodios más apasionantes, y a la vez más oscuros de la Creación: la rebelión de Lucifer. Siempre había sentido curiosidad por ésta excelsa figura venida menos, y en ocasiones se preguntaba si Lucifer, después de todo, no fue algo así como el primer peregrino a quien el orgullo -¿o sería mejor decir un exceso de confianza?- había precipitado de cabeza en esa oscura casilla del Tablero Cósmico,...

Peregrinando por el Parque del Retiro de Madrid

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S upongo que en mi precipitación, debí suponer que la historia, en honor a la verdad -al menos, a la verdad cronológica, que generalmente suele ser menos falsa que la verdad histórica- no empezaba en el lugar donde un envejecido Hombre de Hojalata evocaba con su música el mundo de ensueño que todos suponen situado en algún lugar del arcoiris. Tampoco el peregrino se vio abducido por un inesperado tornado surgido de la nada -lugar del que suelen venir todas las sorpresas-, como Dorothy, la niña del cuento -siempre me he preguntado, por qué las mejores aventuras están siempre protagonizadas por una niña, llámese ésta Dorothy, Alicia o Mafalda- sino que se levantó temprano esa mañana de domingo, después de haber soñado con una afortunada tirada, en la que los dados -generalmente caprichosos en cuanto a suertes, como si la mano que actúa detrás de ellos pensara que todos los hombres somos toreros- habían sumado un bingo, llevándole directo a una Casilla Oca . Lejos de tirar por tirar,...