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De Wamba a Urueña: Nª Sª de la Anunciada

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D espués de dejar atrás Wamba y sus ancestrales misterios, el peregrino recuerda la advertencia de Vicente Herbosa (1), relativa a Urueña, y posiblemente como aquél, una vez puestos los pies en tan singular villa, sienta, con un genuino estremecimiento de placer, que en su ruta iniciática por esta zona tan determinada de los Montes Torozos vallisoletanos, todavía se puede saborear un sorprendente esbozo del olvidado mundo medieval. Cierto es -no puede evitar pensar a continuación, con sobrecogedora nostalgia-, que nada es eterno y que las poderosas huestes del Padre Cronos y sus más pérfidos aliados, la mercenaria hombruna, también han pasado por aquí, aunque quizá no de forma tan determinante como en otros lugares de alrededor. Cierto es, así mismo, que Urueña aún conserva buena parte de sus antiguas murallas, y al igual que en otros lugares, como Betanzos, su iglesia gótica de Santa María -situada justamente a la sombra de su puerta principal- aún recuerda. en su ...

La iglesia de Santa María de Wamba

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C omo el tiempo, el tránsito estelar tampoco detiene su camino. El ciclo de Virgo está tocando a su fin y la inminente entrada de Libra anuncia la proximidad del otoño. El calor es menos sofocante y los días son más cortos que allá, a mediados de junio, cuando el peregrino, cansados sus ojos de vagar en solitario por las inconmensurables infinidades de los Montes Torozos, recaló en éste, un lugar, sin duda cargado de Historia y de Misterio: Santa María de Wamba. Apenas pone un pie en su interior, sabe perfectamente que no es necesario llegarse hasta el relativamente cercano Monasterio de la Santa Espina, para que un amable monje le susurre, confidencialmente y mientras se atusa con cansancio unos mechones de cabello que el tiempo ha ido cubriendo progresivamente de amarillenta escarcha, que tan sólo con el sencillo acto de subir unos breves escalones -cuatro, a lo sumo cinco, que son los que separan parte del antiguo claustro románico de la actual rectoría y de la iglesia-, el espí...

Wamba, cuando la Muerte es un Arte

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E l peregrino se aleja de tierras palentinas, y se adentra en esos misteriosos Montes Torozos, que caracterizan una zona muy singular de la vecina provincia de Valladolid. Sin olvidar los agridulces momentos proporcionados en San Juan de Baños, en su ánimo parece resurgir, quizás con más ímpetu, aún si cabe, ese mundo perdido de los visigodos y se encamina, con el ánimo bien dispuesto, hacia un lugar que, a pesar del tiempo transcurrido, aún conserva en su nombre el recuerdo de uno de sus reyes: Wamba. W amba es, después de todo, uno de esos lugares privilegiados donde el Misterio parece haberse instalado eternamente, para alertar al peregrino -no olvidemos, que entre sus calles figuran nombres como Foncalada o Platerías-, de que nada es casual y de que todo aquello con lo que se tropieza en su largo camino, no tiene otro fin que el de templar su espíritu, con lecciones más o menos amargas. P or eso he querido que, antes de adentrarnos en los pormenores de su fascinante igl...

Baños de Cerrato: la fuente milagrosa del rey Recesvinto

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O tra pequeña joya de ese mundo perdido de los visigodos en la provincia de Palencia, la encontramos apenas a una distancia insignificante, que no supera la cincuentena de metros del solar donde se alza la iglesia de San Juan: la fuente milagrosa del rey Recesvinto. Separada de ésta, por la carretera general que atraviesa la población, la fuente forma parte, en la actualidad, de un pequeño parque, cuyos extremos, desiguales, se ven coronados en sus extremos por un edificio de antigua solera y un restaurante que posiblemente posea unas merecidas estrellas de calidad.   D e la fuente, situada en lo más bajo del montículo, cuanta la tradición, cuando no la leyenda, que en sus fértiles aguas, este rey godo, Recesvinto, encontró alivio para el reumatismo del que adolecía, hecho considerado como milagroso en la época en cuestión -no muchos años antes de que los agarenos comandados por Tarik, invadieran la Península-, y posiblemente derivado de tal suceso, se decidiera levantar en...

Baños de Cerrato: iglesia visigoda de San Juan

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A proximadamente, cien son los kilómetros que separan estos interesantes lugares de Moarves de Ojeda y San Andrés de Arroyo, de otra región palentina, el Cerrato, y de un lugar muy particular, Baños de Cerrato, donde el camino invita a penetrar en el misterioso mundo de los visigodos. Es aquí, prácticamente al final del pueblo, donde toda una joya, cargada de sombras, silencio y leyendas, vuelve la espalda a unos campos, los Góticos, que se extienden al infinito, como parte de los milenarios graneros de la Vieja Castilla: la basílica de San Juan. En realidad, poco se sabe de un lugar tan singular, salvo que está estrechamente relacionado con un rey, Recesvinto, que poco o nada podía imaginar que, cincuenta años después de consagrar este lugar -se piensa que fue consagrado en el año 661-, el imperio visigodo desaparecería de la faz de Hispania, inmolado no sólo por sus eternas disputas internas, sino por el incontenible aluvión de sangre y fuego que, procedente de África, habría de ...

Real Abadía Cisterciense de San Andrés de Arroyo

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A penas son cinco los kilómetros que separan la pequeña población de Moarves de Ojeda y su carismática iglesia, de otro curioso e interesante lugar, en el que la expansión de ese brazo escindido de la poderosa voluptuosidad cluniacense, dejó una huella imborrable aun con el paso de los siglos: la Real Abadía Cisterciense de San Andrés de Arroyo. Si bien no se tiene constancia de la fecha exacta de su fundación, sí existen, no obstante, referencias documentales que se remontan, cuando menos, al año 1181, cuando el rey Alfonso VIII -conquistador, entre otras, de importantes plazas como la de Toledo-, otorga a la condesa doña Mencía y al monasterio, la iglesia de San Millán, situada entre las poblaciones de Grijalva y Villasandino. Se tiene, precisamente, a ésta doña Mencía, como su primera abadesa. Y su importante apellido, de Lara, no sólo nos recuerda su consanguineidad con una familia castellana que dejó su impronta en lo más granado de la Historia y del Romancero -recordemos la l...

Maestrías sospechosamente razonables

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N i siquiera el anonimato, ha de estar necesariamente reñido con la inmortalidad. En el fondo, de egos históricamente tiernos cuando no inocentes, los canteros medievales, a través del canal monumental de sus majestuosas creaciones, nos legaron también ese particular sentido de la humildad, del que carecen la mayoría de los artistas que les precedieron. Mientras a éstos los conocemos, generalmente, hasta el punto de poder hacernos una idea bastante aproximada de su vida y de su obra, de aquéllos sólo nos queda el recurso de la especulación y en ocasiones, el triste consuelo de intuir la presencia, tanto a nivel individual como a nivel colectivo de los talleres, de su paso por determinados lugares, comparando las peculiaridades afines de ciertos monumentos histórico-artísticos que nos encontramos en nuestro camino. En base a esta afirmación, no desentona que el vídeo con el que se pretende ilustrar la presente entrada, comience y termine mostrando dos lugares de infinito misterio...