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Arroyo de la Encomienda: la iglesia de San Juan

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C omo se advertía en las primeras entradas dedicadas a esta ruta por los fascinantes Montes Torozos, el peregrino sabe que uno de sus mayores atractivos, radica en la presencia, durante la Edad Media, de las no menos fascinantes órdenes militares. Y de hecho, tiene la certeza del dominio de las dos órdenes principales, rivales, de hecho, pero cuyo acercamiento a su poderío y mediática idiosincrasia, constituyen, en el fondo, una no menos prodigiosa aventura histórica: la Orden del Temple y la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Fundada ésta última por comerciantes de Amalfi algunos años antes que la primera, el peregrino es plenamente consciente de que el lugar al que se dirige, lleva el nombre de la encomienda que los caballeros del Hospital tenían en un lugar situado a apenas unos insignificantes kilómetros de Valladolid y otros tantos de Simancas, ciudad que destaca no sólo por ser la sede de un impresionante Archivo Histórico, sino también, por ser el lugar donde en...

El Monasterio de la Santa Espina

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C omo ya apuntaba en entradas anteriores, apenas el peregrino puso los pies en el interior de la iglesia de Santa María de Wamba, recordó las palabras del venerable anciano que, descuidando por un momento sus obligaciones en la preparación de la santa misa en ciernes, le comentara, entre nostálgico y orgulloso, que apenas unos breves escalones separaban, como por arte de magia, varios siglos de Historia. Fue en el claustro, reformado en el siglo XVIII, pero donde todavía sobrevivía, milagrosamente, una de las salas capitulares románicas más hermosas de cuantas había contemplado en sus largos años de camino, incluida la del monasterio alcarreño de Monsalud, que conociera unas semanas después y que tan buenas sensaciones le dejara, independientemente del templarismo que, en su segundo viaje a la Alcarria, le otorgara Camilo José Cela, dejándose llevar por las tradiciones del lugar.   Q uizá más versado en los aspectos modernos del monasterio, sobre todo a partir de finales de...

De Wamba a Urueña: Nª Sª de la Anunciada

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D espués de dejar atrás Wamba y sus ancestrales misterios, el peregrino recuerda la advertencia de Vicente Herbosa (1), relativa a Urueña, y posiblemente como aquél, una vez puestos los pies en tan singular villa, sienta, con un genuino estremecimiento de placer, que en su ruta iniciática por esta zona tan determinada de los Montes Torozos vallisoletanos, todavía se puede saborear un sorprendente esbozo del olvidado mundo medieval. Cierto es -no puede evitar pensar a continuación, con sobrecogedora nostalgia-, que nada es eterno y que las poderosas huestes del Padre Cronos y sus más pérfidos aliados, la mercenaria hombruna, también han pasado por aquí, aunque quizá no de forma tan determinante como en otros lugares de alrededor. Cierto es, así mismo, que Urueña aún conserva buena parte de sus antiguas murallas, y al igual que en otros lugares, como Betanzos, su iglesia gótica de Santa María -situada justamente a la sombra de su puerta principal- aún recuerda. en su ...

La iglesia de Santa María de Wamba

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C omo el tiempo, el tránsito estelar tampoco detiene su camino. El ciclo de Virgo está tocando a su fin y la inminente entrada de Libra anuncia la proximidad del otoño. El calor es menos sofocante y los días son más cortos que allá, a mediados de junio, cuando el peregrino, cansados sus ojos de vagar en solitario por las inconmensurables infinidades de los Montes Torozos, recaló en éste, un lugar, sin duda cargado de Historia y de Misterio: Santa María de Wamba. Apenas pone un pie en su interior, sabe perfectamente que no es necesario llegarse hasta el relativamente cercano Monasterio de la Santa Espina, para que un amable monje le susurre, confidencialmente y mientras se atusa con cansancio unos mechones de cabello que el tiempo ha ido cubriendo progresivamente de amarillenta escarcha, que tan sólo con el sencillo acto de subir unos breves escalones -cuatro, a lo sumo cinco, que son los que separan parte del antiguo claustro románico de la actual rectoría y de la iglesia-, el espí...

Wamba, cuando la Muerte es un Arte

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E l peregrino se aleja de tierras palentinas, y se adentra en esos misteriosos Montes Torozos, que caracterizan una zona muy singular de la vecina provincia de Valladolid. Sin olvidar los agridulces momentos proporcionados en San Juan de Baños, en su ánimo parece resurgir, quizás con más ímpetu, aún si cabe, ese mundo perdido de los visigodos y se encamina, con el ánimo bien dispuesto, hacia un lugar que, a pesar del tiempo transcurrido, aún conserva en su nombre el recuerdo de uno de sus reyes: Wamba. W amba es, después de todo, uno de esos lugares privilegiados donde el Misterio parece haberse instalado eternamente, para alertar al peregrino -no olvidemos, que entre sus calles figuran nombres como Foncalada o Platerías-, de que nada es casual y de que todo aquello con lo que se tropieza en su largo camino, no tiene otro fin que el de templar su espíritu, con lecciones más o menos amargas. P or eso he querido que, antes de adentrarnos en los pormenores de su fascinante igl...

Baños de Cerrato: la fuente milagrosa del rey Recesvinto

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O tra pequeña joya de ese mundo perdido de los visigodos en la provincia de Palencia, la encontramos apenas a una distancia insignificante, que no supera la cincuentena de metros del solar donde se alza la iglesia de San Juan: la fuente milagrosa del rey Recesvinto. Separada de ésta, por la carretera general que atraviesa la población, la fuente forma parte, en la actualidad, de un pequeño parque, cuyos extremos, desiguales, se ven coronados en sus extremos por un edificio de antigua solera y un restaurante que posiblemente posea unas merecidas estrellas de calidad.   D e la fuente, situada en lo más bajo del montículo, cuanta la tradición, cuando no la leyenda, que en sus fértiles aguas, este rey godo, Recesvinto, encontró alivio para el reumatismo del que adolecía, hecho considerado como milagroso en la época en cuestión -no muchos años antes de que los agarenos comandados por Tarik, invadieran la Península-, y posiblemente derivado de tal suceso, se decidiera levantar en...

Baños de Cerrato: iglesia visigoda de San Juan

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A proximadamente, cien son los kilómetros que separan estos interesantes lugares de Moarves de Ojeda y San Andrés de Arroyo, de otra región palentina, el Cerrato, y de un lugar muy particular, Baños de Cerrato, donde el camino invita a penetrar en el misterioso mundo de los visigodos. Es aquí, prácticamente al final del pueblo, donde toda una joya, cargada de sombras, silencio y leyendas, vuelve la espalda a unos campos, los Góticos, que se extienden al infinito, como parte de los milenarios graneros de la Vieja Castilla: la basílica de San Juan. En realidad, poco se sabe de un lugar tan singular, salvo que está estrechamente relacionado con un rey, Recesvinto, que poco o nada podía imaginar que, cincuenta años después de consagrar este lugar -se piensa que fue consagrado en el año 661-, el imperio visigodo desaparecería de la faz de Hispania, inmolado no sólo por sus eternas disputas internas, sino por el incontenible aluvión de sangre y fuego que, procedente de África, habría de ...