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Infiesto: Santuario de la Virgen de la Cueva

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Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... E co de esas manifestaciones de la Gran Madre , surgidas desde lo más profundo de la noche cavernaria y útero metafórico al que retornó el primer homínido en busca de consuelo y protección, algunos enclaves todavía parecen transmitir, a pesar del exceso de beatitud judeo-cristiana que los engalana, cual hacen las bolas en el tradicional árbol de Navidad, parte de ese ancestral magnetismo que hizo de ellos lugares sin duda alguna especiales. Infiesto, a escasa distancia de Arriondas y del entorno mágico de Cangas de Onís, Covadonga y los Picos de Europa, conserva, algunos insignificantes metros más allá de donde Tánatos expende billetes para la nave de Caronte -el Tanatorio-, uno de esos lugares especiales y posiblemente, también, el origen de aquélla coplilla popular que los sufridos aldeanos dedicaban a los cielos y los niños -cuando el Corte Inglés y los juguetes apenas eran u...

La Cabrera: convento de San Antonio

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N o es falta de valoración, pero sí de conocimiento, aquello que muchas veces nos induce a buscar fuera de las fronteras de la comunidad donde vivimos, unas maravillas que, por afortunadas circunstancias, parecen ser más prolíficas en comunidades foráneas. En este caso, y bueno es reconocerlo, puede decirse que ignorancia - mea culpa, Sophia me absolva - y casualidad -dudo que no se pudiera aplicar aquí el parámetro causalidad, o como diría Paulo Coelho, cada uno llega a los sitios en el momento en el que se les espera , pero eso ya es otra historia que tal vez cuente algún día cuando hable de ese curioso fenómeno que se llama sincronismo -, me sorprendieron cuando hace unas semanas emprendí un viaje corto sin más objeto que valorar y cumplir con una invitación a comer, así como con la perspectiva de pasar unas breves horas en grata y amistosa compañía. Cierto es, también, que junto con la invitación y parafraseando a Goethe, se me tentó con la vieja levadura , haciéndome saber de...

Sepúlveda: iglesia y santuario de la Virgen de la Peña

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E n la parte alta de la ciudad, allá donde termina ese alargado brazo chinesco que es el casco antiguo de Sepúlveda y apenas alejado unos insignificantes metros de la sede de la Guardia Civil, otro notable santuario nos recuerda, como en el anterior de Brihuega, la veneración a una Mater , que si bien el color no lo evidencia en la talla que se venera en el altar mayor de la iglesia, sus orígenes son tan oscuros -¡oh, hijas de Jerusalén! - como la matriz donde se la encontró: la Virgen de la Peña. La cueva donde se halló la imagen, en ese singular siglo XII en el que parece que hubo una auténtica explosión de apariciones y descubrimientos marianos –algo comparable a lo sucedido apenas terminada la Segunda Guerra Mundial con esas cosas que se ven en el cielo -, en los que los guardianes del Camino, es decir, esos cambeadores y celosos guardianes de la tradición que fueron los templarios, casualmente no andaban lejos, todavía existe en la actualidad, si bien la última vez que estuve...

Brihüega: iglesia y santuario de la Virgen de la Peña

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'MEFISTÓFELES: No es bueno descubrir tan gran misterio... Hay diosas en sus tronos solitarios, que no rodea el tiempo ni el espacio; resulta muy difícil hablar de ellas. ¡Son las Madres!'. [Goethe: 'Fausto'] S iempre resulta una experiencia realmente emocionante, tener la oportunidad de acceder a un antiguo lugar de culto, independientemente de la provincia donde éste se sitúe, sin importar, después de todo, que los efectos del tiempo y sobre todo, aquellos quizás más importantes provocados por la mano del hombre, resten una buena parte de la excelencia sacra que éste tuvo en su momento. Uno de los más interesantes, y a la vez, del que todavía podemos sacar relevantes conclusiones, no es otro que este Santuario de la Virgen Peña. Localizado en la histórica ciudad alcarreña de Brihuega, nos revela no sólo lo que debió de ser, en tiempos, un verdadero centro espiritual de culto a la figura primordial de esa Gran Diosa Madre que, llámese como se quiera –...

Montserrat

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'...llegar allí es tu meta, / más no apresures el viaje. / Mejor que se extienda largos años / y en tu vejez arribes a la isla / con cuanto hayas ganado en el camino, / sin esperar que Ítaca te entristezca. / Ítaca te regaló un hermoso viaje. / Sin ella el camino no hubieras emprendido, / más ninguna otra cosa puede darte. / Aunque pobre la encuentres, Ítaca no te engañó. / Rico en saber y en vida, como has vuelto, / comprendes ya qué significan las Ítacas...'. [Kavafis: Poema a Ítaca] H ablemos de Santuarios. O de la vuelta a Casa. O de ese mítico viaje a Ítaca, que nos retiene o nos hace avanzar de oca en oca, permitiéndonos volver a tirar porque nos toca, para devolvernos transfigurados al lugar de partida, que al fin y al cabo, de eso se trata. Hablemos de lugares, de sentimientos, de anhelos, de esperanzas. Citémonos con Eros y con Psique y mientras ellos se rechazan con argumentos irreconciliables, hagamos las paces con Deméter y con María. Revolquémonos en esto...

El Pasatiempo de Betanzos

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' Y todo es una parte del diverso Cristal de esa memoria, el universo; no tienen fin sus arduos corredores y las puertas se cierran a tu paso; sólo del otro lado del ocaso verás los Arquetipos y Esplendores...' [Jorge Luis Borges] N on xove en Betanzos, cuando el viajero cruza el umbral, apenas una sencilla puerta de barrotes deslucidos y oxidados por el tiempo y la humedad, y accede, metafóricamente hablando, a ese otro lado del ocaso, donde sabe, supone o incluso presiente -como en los proféticos versos de Borges, que rondan su memoria-, que le esperan, sin aspavientos de ocarina, tambor, gaita o dulzaina, multitud de Arquetipos y Esplendores. Es el famoso Pasatiempo; el regalo de un indiano desprendido -el viajero sonríe para sus adentros, cuando recuerda que en la vecina Asturias se referían a ellos como americanos del pote -, que posiblemente pensara que con la aportación de algunos duros de la época, recobraría unos afectos que la vida le arrebató cuan...

Betanzos...de los Caballeros

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B etanzos es un poema. Un poema de rimas melancólicas que, como las nieves de antaño en las que se refugiaba el poeta Villon cuando el otoño pintaba estrellas de ocre fugacidad en su pecho, aluden a un pasado que tal vez no fuera mejor, pero seguramente sí más interesante. De hecho, el peregrino, el caminante o simplemente el taciturno buscador de quimeras que piense en él, reparará que su sobrenombre, de los Caballeros , no es una gratuidad, sino que éstos figuran en su pasado con similar persistencia a como el árbol, antecesor de la cruz, figuraba per secula seculorum en los escudos del antiguo reino del Sobrarbe; entiéndase, nuestro actual Aragón. Pulcra e inmaculadamente aposentado en su honorífico sillón, el docto historiador –a su manera, poeta también, pero de la rima sosa y fácil de la Historia-, verá en esa referencia, una alusión inequívoca al universo estelar de la nobleza galaica, cuya estrella principal, sin llegar, no obstante a alcanzar la luminosidad de Sirio o a ...