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Ávila: la peregrina iglesia de Santiago

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A orillas del río Piedra me senté y lloré …Así comienza una obra entrañable de esa extraña, cuando no stevensoniana personalidad entre peregrino, escritor, poeta, místico y novelista que caracteriza a ese soñador de caminos –quizás los mismos que antes que él, perturbaran la brújula de poetas expertos en barquitos de papel y mundos concebidos dentro de pompas de jabón, como Machado-, llamado Paulo Coelho. Mentiría si dijera que la última vez que estuve en Ávila –un domingo de febrero, de un año que poco importa porque apenas ha comenzado a dar sus primeros bostezos y aun puede presumir de barbilampiña sonrisa e infantil poderío sabiendo todavía lejos la tradicional Misa del Gallo , preludio al anuncio de su próximo Getsemaní -, me senté a orillas del río Adaja y lloré. Pero sí es cierto, que no por más teresiana que se precie o con más halo de mística medievalidad con la que se engalane de cara a presentar las credenciales de su inherente protagonismo en el bien llamado Siglo d...

Omeñaca y la leyenda de los siete infantes de Lara

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A firmaba Álvaro Cunqueiro, ese amerlinado soñador nacido en pleno corazón mindoniense –cuya arteria principal es San Martiño, considerada como la primera catedral gallega-, que Villon llamaba nieves a las bellezas del pasado (1), por lo que resulta completamente justificada su contagiosa melancolía, cuando en uno de sus famosos versos se preguntaba o echaba en cara al mundo, aquello de: ¿dónde van las nieves de antaño? . Pregunta o no del millón, es posible que exista un lugar –como el Cementerio de los Libros Olvidados , de Carlos Ruiz Zafón o el Cementerio de los Barcos Perdidos , que Charles Berlitz supone o suponía en ese imaginario Triángulo de las Bermudas -, depositario de esas nieves , testigos enmudecidas por la mácula del olvido, de cualquier tiempo pasado, fuera éste o no, mejor. Soria no es marinera, si bien por las beneméritas aguas de ese paternal río Duero, que deja atrás la ermita de San Saturno –perdón, quise decir, San Saturio-, haciendo un pluscuamperfecto arc...

Feliz Navidad y Feliz Camino

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N o es falta de imaginación; ni desgana; ni tampoco ganas de aparentar o de desaparentar y sí, posiblemente, de respeto, mucho respeto. Respeto, principalmente, a las creencias de cada uno; a las ideas, sueños, deseos y esperanzas de cada uno. Pero sobre todo, respeto a la Vida. Y respetando la Vida, respetemos, también, esa vía espiritual y humana, que es el Camino. C omo ya decía el año pasado, aproximadamente por estas mismas fechas, hay una leyenda atribuida a los pigmeos africanos, que habla de un niño que encontró en la selva un pájaro que cantaba primorosamente y se lo llevó a su casa. Cuando le pidió a su padre que le trajera comida para alimentar al pájaro, éste se negó y lo mató. Llegados a este punto, cuenta la leyenda que el hombre mató al pájaro, y con el pájaro, mató el canto y con el canto, se mató a sí mismo. No nos matemos a nosotros mismos. Y sobre todo, no matemos el Camino. F eliz Navidad y Feliz Camino

La Soterraña de Olmedo

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'Los agujeros negros del universo no son nada comparados con los agujeros negros de nuestro pasado' [Peter Kingsley (1)] M enos conocido fuera de su ámbito provinciano y eclipsado, en parte, por la meritoria dramaturgia de Lope de Vega y su famoso, audaz y desdichado caballero, la medieval Villa de los Siete Sietes , Olmedo esconde un tesoro mariano –aparte del tesoro mudéjar de su románico, estilo al que ha dedicado un meritorio Parque Temático -, que si bien su historia conocida pretende remontarse a esos episodios milagreros y propagandísticos que la diplomacia cristiana supo tan bien aprovechar en su favor en ese turbio periodo de la Historia conocido como Reconquista, el hilo de Ariadna de sus antecedentes conducen, inevitablemente, a esos oscuros laberintos mistéricos celtas y al eco cavernario –siempre presente, a pesar de los esfuerzos por silenciarlo de los Primeros Padres de la Iglesia- de la Gran Madre : el santuario de la Soterraña. No deja de ser un hech...

Infiesto: Santuario de la Virgen de la Cueva

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Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... E co de esas manifestaciones de la Gran Madre , surgidas desde lo más profundo de la noche cavernaria y útero metafórico al que retornó el primer homínido en busca de consuelo y protección, algunos enclaves todavía parecen transmitir, a pesar del exceso de beatitud judeo-cristiana que los engalana, cual hacen las bolas en el tradicional árbol de Navidad, parte de ese ancestral magnetismo que hizo de ellos lugares sin duda alguna especiales. Infiesto, a escasa distancia de Arriondas y del entorno mágico de Cangas de Onís, Covadonga y los Picos de Europa, conserva, algunos insignificantes metros más allá de donde Tánatos expende billetes para la nave de Caronte -el Tanatorio-, uno de esos lugares especiales y posiblemente, también, el origen de aquélla coplilla popular que los sufridos aldeanos dedicaban a los cielos y los niños -cuando el Corte Inglés y los juguetes apenas eran u...

La Cabrera: convento de San Antonio

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N o es falta de valoración, pero sí de conocimiento, aquello que muchas veces nos induce a buscar fuera de las fronteras de la comunidad donde vivimos, unas maravillas que, por afortunadas circunstancias, parecen ser más prolíficas en comunidades foráneas. En este caso, y bueno es reconocerlo, puede decirse que ignorancia - mea culpa, Sophia me absolva - y casualidad -dudo que no se pudiera aplicar aquí el parámetro causalidad, o como diría Paulo Coelho, cada uno llega a los sitios en el momento en el que se les espera , pero eso ya es otra historia que tal vez cuente algún día cuando hable de ese curioso fenómeno que se llama sincronismo -, me sorprendieron cuando hace unas semanas emprendí un viaje corto sin más objeto que valorar y cumplir con una invitación a comer, así como con la perspectiva de pasar unas breves horas en grata y amistosa compañía. Cierto es, también, que junto con la invitación y parafraseando a Goethe, se me tentó con la vieja levadura , haciéndome saber de...

Sepúlveda: iglesia y santuario de la Virgen de la Peña

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E n la parte alta de la ciudad, allá donde termina ese alargado brazo chinesco que es el casco antiguo de Sepúlveda y apenas alejado unos insignificantes metros de la sede de la Guardia Civil, otro notable santuario nos recuerda, como en el anterior de Brihuega, la veneración a una Mater , que si bien el color no lo evidencia en la talla que se venera en el altar mayor de la iglesia, sus orígenes son tan oscuros -¡oh, hijas de Jerusalén! - como la matriz donde se la encontró: la Virgen de la Peña. La cueva donde se halló la imagen, en ese singular siglo XII en el que parece que hubo una auténtica explosión de apariciones y descubrimientos marianos –algo comparable a lo sucedido apenas terminada la Segunda Guerra Mundial con esas cosas que se ven en el cielo -, en los que los guardianes del Camino, es decir, esos cambeadores y celosos guardianes de la tradición que fueron los templarios, casualmente no andaban lejos, todavía existe en la actualidad, si bien la última vez que estuve...