lunes, 8 de diciembre de 2008

Monasterio Cisterciense de Veruela II

'La difusión de la cultura debe servir, en todo momento y circunstancia, como excusa para hurgar en la interpretación de sus claves'.
[Javier Lambán Montañés]


Segunda Parte
Interiores


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Monasterio Cisterciense de Veruela I


Primera Parte
Entorno y Exteriores

A una distancia aproximada de 79 kilómetros de Zaragoza, se encuentra uno de los monasterios cistercienses más bellos e impresionantes de todos cuantos existen en la geografía española: el Monasterio de Veruela. Su carta de presentación, excelente, ofrece una nota de rancia solera, que se forjó hace más de diez siglos en los sueños de reforma y vuelta a los verdaderos orígenes del cristianismo, de sus tres fundadores conocidos: Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding.
El Monasterio de Veruela está considerado como el primer monasterio fundado por el Císter en Aragón, y su enclave -que da nombre al pueblo que lo cobija- no podía estar en un lugar más enigmático y mágico: la vera del Moncayo.
Como en la mayoría de los lugares donde el Císter asentó sus monasterios, un halo de misterio y de leyenda ha acompañado al Monasterio de Veruela, desde sus orígenes hasta nuestros días. En efecto, aún en desacuerdo con la Historia oficial, la fundación del monasterio pervive en la memoria de una hermosa leyenda, tal y como nos relata Alberto Serrano Dolader, en su libro 'El Moncayo, fantástico, legendario y misterioso' (1):
'Don Pedro de Atarés, fatigado de mil batallas peleadas junto a su señor Alfonso I, andaba descansando por estos parajes. Aficionado a la caza, al final de una jornada cinegética de poca fortuna vio una cierva (o un jabalí, dicen otros) e inició su persecución. El animal se refugió en la espesura del bosque, escapando de don Pedro. El ímpetu de la carrera y la frondosidad de la montaña desorientaron al caballero, que no supo encontrar la salida. Para colmo de desgracias se desató una aparatosa tormenta. Sólo quedaba una opción posible: encomendarse a la Virgen. Así lo hizo y con tanta fe que, rodeada de luces, Nuestra Señora se le apareció, indicándole la senda de regreso tras haberle solicitado que allí mismo le edificase lugar de culto. Se cumplió la petición: allí mismo se colocó una cruz (que ahora es conocida como la Cruz de Bécquer) y no muy lejos de ella se iniciaron los trabajos de construcción del monasterio'.
Quizás atraído -no sólo por las características naturales del lugar, recomendables para contrarrestar los efectos de su enfermedad- sino también por la chispa mágica inherente a tan extraordinario entorno, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, acompañado de su hermano Valeriano, pasó una larga temporada en Veruela. Durante su estancia, escribió varias de sus leyendas, así como sus conocidas 'Cartas desde mi celda'. Es posible que la leyenda fundacional del monasterio, le inspirara, en parte, su hermosa leyenda 'La corza blanca'. Esto, por supuesto, es una apreciación personal. Lo que sí es un hecho, es que Bécquer, febril de historias maravillosas, escuchó atentamente a los lugareños del lugar. Y no es para menos, porque esa zona anexa al mítico Moncayo, es una zona prolífica en leyendas e historias fantásticas, que han llegado hasta nosotros, primero de forma oral, y luego abundante y afortunadamente recogidas en libros y recopilaciones al alcance del lector interesado.
Curiosamente, en las cercanías del monasterio se encuentra otro 'foco caliente brujeril', comparable, en importancia y tradición, al de Barahona y Zugarramurdi: Trasmoz y las ruinas de su famoso castillo.
No es ninguna novedad, que el monasterio de Veruela se halle protegido por una muralla, aunque sí puede serlo que, según la tradición, en alguna parte de ella fue enterrado un herrero que participó en su construcción y que se suicidó despechado al no poder conseguir el amor de un hermosa judía, vecina, precisamente, del famoso pueblo de las brujas, de Trasmoz.
Se accede al monasterio, atravesando la puerta del homenaje, construída, según todas las apreciaciones, entre 1268 y 1292, aunque a mi me llamó bastante la atención el cuerpo superior -construído a partir de 1559- la geometría de cuyos ventanales me recordaron, en parte, aquéllos otros de la iglesia de Santa Coloma de Albendiego, con cuya visión me he extasiado en varias ocasiones.
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(1): Albero Serrano Dolader: 'El Moncayo, fantástico, legendario y misterioso', editado por la Diputación de Zaragoza, año 1996.


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