viernes, 24 de junio de 2016

Augas Santas: un enigmático santuario en el Camino de Santiago


Se podría ver, en Orense, una comunidad realmente singular. Los que recorren el Camino lo saben; y saben, también, que en su interior se oculta todo un pequeño universo de rincones especiales, a cuál de ellos más enigmático, significativo y desconcertante. Santa Mariña de Augas Santas, sin ninguna duda, es uno de ellos. Un pequeño rincón, situado en las proximidades de Allariz, importante población que vegeta plácidamente a la vera del río Arnoia –cinco son, apenas los kilómetros que la separan de ésta-, que parece todavía anclado en la inconmensurable belleza de su entorno; una belleza, que se ve gratificantemente ampliada por su antigua y rica historia, de la cual, sobreviven todavía numerosos vestigios que, aun habiéndose perdido numerosas claves en los ríos ponzoñosos del olvido, ofrecen, no obstante, la oportunidad de conectar con parte de unos secretos que todavía hoy, al cabo de los siglos, despiden el inconfundible olor de lo profano y heterodoxo, que ni siquiera las violentas acciones de Martín de Dumio consiguieron del todo erradicar. Posiblemente, entre otras muchas consideraciones, fueran esos arcanos secretos los que atrajeran el interés, allá por los siglos XII y XIII, a unos caballeros -que por algún tiempo sustituyeron a los antiguos cambeadores cuyas tumbas custodiaban con mimo las bellas donas -¿no recuerda algo, al Avalón del ciclo artúrico?- en lugares como la lucense Vilar, asegurando los caminos, auxiliando y protegiendo a los peregrinos- a morar en el lugar, dejando huellas de su presencia en los elementos artísticos que un día, apenas recién comenzado el siglo XIV, tuvieron que abandonar precipitadamente: los caballeros templarios. Caballeros que, como demuestran el denominado Forno, e incluso el esotérico baldaquino elevado en la misma nave de la parroquial -probablemente también sobre un antiguo complejo funerario celta que recuerda, en parte, a otros lugares de antiguo culto de la vieja Castilla, como la capilla de la Soterraña de Olmedo-, para una extraña santa, Marina o Mariña, que vuelve a conectarnos con esos arcanos ritos celtas y su conocida devoción por el culto a las aguas. Devoción que, como también sospechas algunos investigadores y en relación a los martirios supuestamente aplicados a los santos, tuvieran, quizás, un origen en ritos poco conocidos, como podría ser el threefold death o triple muerte, sacrificio que los celtas ofrecían a tres de sus divinidades principales: Taranis, Teutates y Esus. O lo que es lo mismo: quemando, ahogando y colgando a las víctimas. Rito que, por otra parte, hubo un momento en el que se suavizó, sustituyendo a las víctimas humanas por animales, generalmente -¿significativo, no?-, corderos. Sea como sea, de lo que no cabe duda, es de que Santa Mariña de Augas Santas, mantiene todavía ese status de arcana singularidad que, de una u otra manera, puede hacer pensar, en el espíritu del peregrino, que se halla, después de todo, en una importante casilla del Juego de la Oca a su paso por el Camino de las Estrellas.

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