jueves, 25 de agosto de 2011

Pueblines del Camín: Argame



Situado a la vera del río Caudal, a escasa distancia de Oviedo y apenas a doce kilómetros de todo un emblema minero, como es Mieres del Camino, el pueblecito de Argame adolece de una ensoñadora tranquilidad, adormecido bajo la saya protectora de un monte que apunta en dirección al sacrosanto Monsacro y custodiado por una parroquial de paredes blancas como la cal y campanines quietas, aguardando sobre su balancín la vigilia del domingo.

A su alrededor, custodios de un mundo milenario, los hórreos permanecen impasibles, dominando las alturas desde un caparazón asentado sobre patas de cangrejo. Se trata de testigos culturales de primer orden, que relatan sin palabras la magia de una arquitectura autóctona y tradicional. Bajo su vientre de madera de raza, donde antaño retozaban carros que avanzaban hacia los campos tirados por indolentes bestias, se guarecen automóviles modernos, bestias de precisión que anuncian unos tiempos que miran hacia el futuro a pasos agigantados.

Sobre el descansillo, y como puestas ex-profeso para una foto turística, algunos hórreos muestran las tradicionales ristras de panoches: maíz, hijo del sol y fruto de una tierra generosa, que aún monte adentro se deja adormecer por el canto de sirenas procedentes del Cantábrico.

Difícil hubiera sido no toparse con la Santina, esa virgencita que ye pequeñina y galana, pero que como muy bien continúa el cantar, es, indiscutiblemente, la Reina de las Montañas.





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Apenas cruzado el puente sobre el río Caudal, una estrecha carreterilla comarcal, situada a la izquierda, tienta al viajero hacia la magia de los concejos vecinos de Quirós y Santo Adriano, a través de los cuales se accede a lugares míticos, como el desfiladero de las Xanas o la Senda del Oso.



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