miércoles, 3 de julio de 2013

El peculiar embrujo de Allariz


'Recoged desde ahora las rosas de la vida...' (1)

Y la nave va, oh capitán mi capitán. En ella, el peregrino que accede a la magia de la terra galega a través del Camino Mozárabe o Vía de la Plata, alcanza Allariz, sabiendo que está a tan sólo una veintena de kilómetros de la capital orensana y de ese magnífico Pórtico del Paraíso de su catedral, que le supondrá un inestimable anticipo de aquél otro, el de la Gloria, que aún con la lacra de los andamios le espera para mostrarle las inigualables delicias del Maestro Mateo, último umbral hacia el corazón de la Inventio en el milagroso solar del Campus Estellae. Tal vez en su camino, se haya percatado de que a pesar de ser Orense la única provincia de Galicia que no tiene frontera natural con el mar, el alma de los aurienses es como una caracola que recoge mil y un sonidos marinos. Lo presiente situado sobre un puente que corteja con respeto el paso de un río de prístinas aguas , que transforman los rayos del sol en plateadas escamas de sirena, llevando en su nombre un genuino recuerdo bíblico: el Arnoia. Lo volverá a presentir algunos metros más adelante, junto al Ayuntamiento, en esa fuente situada enfrente de la iglesia de Santiago, donde los canteros, utilizando el sortilegio de su maza y su cincel, atraparon en el alma de la piedra a dos ninfas del agua.


Y es que en Galicia el paisaje, como la piedra -dejando para mejor ocasión, la mediática importancia de su megalitismo superior- tienen un alma muy antigua y muy particular, como demuestran los detalles de sus innumerables escudos y la tendenciosa intencionalidad oculta en sus templos más antiguos y emblemáticos. Aquí en Allariz, y de forma desigual, cuál una pleitesía sine qua num a la propia vida y sus mortales reglas de evolución, destacan, cuando menos, precisamente este templo de Santiago, con sus dos portadas -una abierta en el sur y la otra orientada hacia el oeste, mirando en dirección al Camino de las Estrellas-, sus múltiples enigmas epigráficos -que denotan, probablemente en su desarrollo diferentes periodos artísticos-, su fabuloso Cristo románico -colgado sobre el cielo pétreo del altar- y la dulce presencia, llena de gratia plena, de su barroca Virgen Peregrina. Aquél otro, dedicado a la figura de Santo Estevo -un santo, como San Bieito, (que tiene también su iglesia más arriba, en la plaza), bastante popular a este lado de la Ribeira Sacra, como en la parte lucense lo es San Martiño-, y aún más allá, la portada sobreviviente del que fuera memorable templo de San Pedro; una portada que, por las características de sus capiteles, así como por el nombre de la calle donde se ubica -Horta- quizás le recuerde al peregrino aquél otro que se encontró a su paso por Zamora, situado no demasiado lejos del de Santiago de los Caballeros -donde fue armado caballero el Cid Campeador-, y en cuya torre se custodió, hasta no hace muchos años, el archivo general de los caballeros hospitalarios en dicha ciudad: Santa María de la Horta.

 
Una ciudad, de peculiar embrujo, que demuestra en la blanca cal de las fachadas de sus casas, esa añoranza marinera que se comentaba más arriba, más típica de los pueblitos colgados como estrellas del litoral, que aún recuerda, con sentido homenaje, en la figura del boi o buey, la herencia primordial del pastoreo celta, sin olvidar ese mundo sobrenatural que gira alrededor de sus cruceiros, mágicos espanta-ánimas a la sazón, y los viejos mitos en los nombres de sus calles, como la que lleva por nombre Lobariñas y nos recuerda al único caso de licantropía del que existe un extenso archivo histórico a disposición del investigador: el de Romasanta. Porque, si bien no fue en la propia ciudad donde se desarrollaron tan sanguinarios acontecimientos bajo el influjo de la luna llena, basta sólo darse una pequeña vuelta por los alrededores, para darse cuenta del extraño sortilegio que aún se oculta en lo más profundo de sus impenetrables bosques. Baste de ejemplo, ese que muchos peregrinos atraviesan en su camino hacia la cercana Santa Mariña de Augas Santas y el denominado Forno da Santa. Y es que, como demuestra muy bien Allariz, Galicia sueña con ser moderna, sin olvidar nunca sus milenarias raíces.
 
UNA PUNTUALIZACIÓN: en ocasiones, la memoria resbala. Al hablar de la imagen barroca de la Virgen Peregrina, quería referirme a la imagen barroca de Santiago. La Virgen Peregrina, se localiza no muy lejos de Allariz: en la Colegiata de Santa María, en la población de Xunqueira de Ambía.
 
(1) N.H.Kleinbaum: 'El Club de los Poetas Muertos', licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de The Walt Disney Company España, S.A., 1991, página 73.