miércoles, 9 de febrero de 2011

La Huerta de Malvís


Erase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el marinero se fue
por esos mares de Dios...
[Antonio Machado: Parábolas]
No puedo evitar recordar, cuando pienso en mi estimado amigo Malvís y su huerta, en estos significativos versos de Antonio Machado, a los que también puso música un por entonces jovencísimo Joan Manuel Serrat, los cuales hacen referencia a esa alma marinera que en el fondo todos poseemos, y a esa infinita mar, que es la vida, en la que nos embarcamos, desde el mismo momento de nacer, sacando el pasaje hacia esos Mundos de Dios.
Así conocí a éste jovial marinero majinense, por esos Mundos de Dios, en los que nos hicieron coincidir invisibles vientos y corrientes, y donde, por obra y gracia de un interés común, quedaron sellados unos lazos que, como ese cordón de plata que las tradiciones budistas aseveran que une cuerpo y espíritu, en este caso bien se podría decir que sirvieron para amarrar un pequeño cofrecito, en el que cabe, sin embargo, el mayor de los tesoros: la Amistad.
Hace tiempo que tenía que haber hecho esta entrada, también es cierto, pero como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena. Además, tengo la sensación de que el blog estaría incompleto. Y como me apetecía hacerla, pues ahí va...Sólo una cosa más: el refranero popular asegura que los ojos son el espejo del alma; yo iría un poco más allá y diría: dime cómo es el huerto de un hombre, y te diré qué clase de persona es.
¡Va por usía, don Manué!

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