miércoles, 31 de julio de 2013

Una escala ineludible: la iglesia de Santiago de Allariz


Situada prácticamente en el centro del casco histórico, no sería descabellada la sugerencia de suponer que Allariz se levantó alrededor de ésta curiosa iglesia dedicada a la figura de Santiago el Mayor. Si bien los expertos sitúan su construcción a camino entre los siglos XI y XII, no sería en modo alguno inoportuno, suponerle un origen anterior, previsiblemente prerrománico, a juzgar por algunos elementos, como tréboles y leones, de similar diseño, por ejemplo, a una arquitectura visigoda, que sucumbió en el siglo VII frente al empuje incontenible de las hordas africanas. Tampoco esto tendría una especial relevancia, si tenemos en cuenta, que era, precisamente aquí, en Allariz donde la tradición situaba la tumba de uno de sus reyes más conocidos: Witiza.
Enclavada, pues, en plena Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento y la antigua panera, cuya fachada aún conserva una significativa fuente en la que aparecen grabadas dos donas del auga o del agua, elementos tradicionales de una cultura celta que tuvo una extraordinaria arraigambre en Galicia, la iglesia de Santiago llama poderosamente la atención, tanto por su curiosa constitución, como por la riqueza inherente a un extenso simbolismo, de cuyos componentes, perdida la afinidad con el mundo paradigmático, que animaba a la sociedad de aquéllos tiempos, tan sólo cabe, después de todo, intentar penetrar en su significado desde el resbaladizo e incierto mundo de lo hipotético.


A juzgar por las características y los estilos, posiblemente no resulte descabellado suponer –al menos, no en demasía- que en el templo de Santiago intervinieron varios talleres de cantería, siendo probablemente el último –aquél que realizó su labor en el siglo XII- el que le resulte curiosamente familiar al viajero que antes de penetrar en tierras gallegas, haya tenido la oportunidad de pasar por Zamora y observar algunos de sus templos principales, como el de Santa María de la Horta, situado en las cercanías de la ribera del Duero. Comprobará, entonces, que existen elementos comunes que alientan dicha hipótesis; detalle que, en realidad, no tendría otra relevancia, en el fondo, que la consecuencia lógica a los movimientos de tropas y la apertura de nuevas oportunidades a medida que se iba reconquistando y recristianizando el terreno al invasor agareno. Tal constatación, le resultará mucho más evidente, desde luego, si se detiene el tiempo suficiente para contemplar su portada oeste, encajonada en una estrecha calle, y observa esas dos bestias, con forma de lobos, que acorralan y mantienen atrapado a un personaje que, después de todo, parece permanecer indiferente al supuesto peligro que se cierne sobre él. Y esto puede tener su explicación, si se observa con atención el detalle de los hocicos de las bestias: se mantienen abiertos sobre las orejas del personaje, no dando la impresión de pretender devorarle, sino que más bien, sugieren un cuchicheo, una confidencia, una transmisión de conocimiento. Tendría sentido, si tenemos en cuenta, no sólo el detalle de que los canteros se expresaban y se transmitían mensajes y contraseñas de una manera simbólica, argótica, siendo especialistas en enmascarar y jugar convenientemente con los dobles significados. Tampoco la figura del lobo parece estar elegida al azar -recordemos, entre otras cosas, que fue la versión pretérita del lobo domesticado; es decir, cristianizado-, y como ya expusiera Gérard de Séde (1) a finales de los años sesenta, no deja de ser significativo que los albañiles Obreros del Deber se designaban con el nombre de lobos devorantes. En ocasiones, y sin abandonar el mismo estilo de labra, la figura del lobo se ve interesantemente sustituida por la del dragón, objeto que podría inducir a suponer al observador, que el imaginero medieval jugó también con concepciones metafísicas inherentes al lugar, señalando esa equivalencia telúrica celeste marcada por el vacuum del oficiante a la hora de elegir y planificar el lugar más adecuado donde habría de levantarse el templo: tal como es arriba, así es abajo. Tampoco le resultará muy difícil localizar a su complementario terrestre, la serpiente, representada en varias ocasiones a lo largo y ancho de la simbología representativa del lugar. Similares representaciones, se encuentran también algunos metros más abajo, en la calle Hortas -lugar en el que se levanta, así mismo, un hermoso monumento a la figura de bueyes y boyeros, representativos de la festa do boi, y al peregrino y al curioso que quieran profundizar más en el tema, no les costará mucho asimilar sus correspondencias astrológicas, dentro de una ruta eminentemente marcada por las estrellas- en la única portada sobreviviente de lo que en tiempos fuera la iglesia de San Pedro, cuyos orígenes se remontan a la misma época y posiblemente en su construcción intervinieran los mismos canteros y talleres.



Pero no cabe duda, de que el viajero observador quedará pensativo, y a la vez perplejo cuando no maravillado, una vez situado en la portada sur de la iglesia -la portada principal de acceso al templo-, y sus ojos localicen, allá, en ese capitel situado en el lado izquierdo del pórtico, algo que, por sus peculiares características, y sobre todo por su inusual rareza, le hará suponer, con todo el derecho, que se encuentra no sólo ante un elemento extraño e inaudito, sino también único. Y de hecho, puede tener la certeza de que probablemente, así sea.
Es un fenómeno insólito, que se da no sólo en este templo de Santiago de Allariz, sino también en otros lugares de épocas y características similares; lugares de los que al menos, por haberlos contemplado también con mis propios ojos, puedo citar dos: el ábside de la iglesia del que fuera monasterio de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onís, Asturias, hoy día reconvertido en Parador Nacional, y el ábside, así mismo, de la iglesia de San Vicente, en Pelayos del Arroyo, provincia de Segovia. En ambos casos, el motivo de un canecillo ha de llamarnos necesariamente la atención, porque representa algo previsiblemente fuera de tiempo y lugar. En el caso del monasterio de San Pedro de Villanueva, la rueda de un tractor; y en el de San Vicente, la figura de un demonio, de aspecto campechano y pícaro, que se diferencia apenas de cualquier personaje similar de los dibujos animados del siglo XX. Y ambos elementos, por si hubiera alguna duda, son de los siglos XII-XIII; es decir, originales del templo.
Por eso, si se observa con atención el susodicho capitel -segunda foto- el observador seguramente encuentre una notoria familiaridad con un personaje estrella de la literatura fantástica, creado por la imaginación de un escritor de origen irlandés, de nombre Abraham Stoker; escritor que, como muchos otros escritores, artistas y gente relevante contemporáneos (2), fue miembro de una sociedad secreta -la Golden Dawn o Alba Dorada- cuyos rituales, bajo la dirección de Aleister Crowley -conocido como el hombre más perverso del mundo, o la Bestia 666- terminaron derivando en auténticas orgías de carácter sexual. La obra, basada en un aterrador personaje histórico -el voivoda valaco Vlad Tepes, el Empalador- nos introduce en el mundo de ultratumba, de la mano de un terrorífico vampiro: el conde Drácula. Personaje que, por cierto, nos recuerda el extraño ser representado en el capitel de la iglesia de Santiago; ser que, sorprendentemente, guarda un familiar parecido con uno de los principales actores que llevaron el personaje a las pantallas cinematográficas y que, de hecho, murió totalmente convencido de que era la reencarnación del fatídico conde: el actor de origen húngaro, Bela Lugosi.  


Pero dejando a un lado esa fantástica mímica asociativa, lo cierto es que dicha representación se presta a multitud de interpretaciones, que pueden dar lugar a un interesante debate, por muy fantástico que éste pueda parecernos. De todos es conocida la perdurable arraigambre de la cultura celta en Galicia, fenómeno que hizo extremadamente difícil la penetración e implantación total del Cristianismo, hasta el punto de que la Iglesia tuvo que mirar hacia otro lado, readaptando multitud de cultos y creencias. También es conocida la proliferación de cultos considerados como heréticos, donde el más destacable -y aquí se entra de lleno en los enigmas primordiales de la Inventio- es el protagonizado por Prisciliano. Recordemos que entre los lugares de la provincia de Orense donde se supone que hubo un foco priscilianista destacado en tiempos -siglo IV- se encuentra San Pedro de Rocas, lugar fascinante y enigmático, situado en pleno corazón de la Ribeira Sacra, a no excesiva distancia de Allariz. Ahora bien, aunque se ignoren los verdaderos sentimientos que alentaban al cantero, la cabeza cortada que aparece empalada junto al terrorífico ser, invita a especular con los dos antagonistas primordiales relacionados con Galicia y el Camino de las Estrellas: Prisciliano y Santiago Boanerges. ¿Podría tratarse de una alusión demonizada de Herodías y la decapitación del Apóstol?. ¿O por el contrario, sería una demonización de la Iglesia católica, tras la fatídica decisión del Concilio de Tréveris, de condenar y decapitar a Prisciliano, decisión que, por cierto, significó un varapalo particular para uno de los santos más representativos de la iglesia de aquél entonces, San Martín de Tours?.
También podría hacer referencia, por otra parte, a la costumbre celta de decapitar a sus enemigos, considerando que creían que en ella alentaba el alma y que, conservándola, evitaban su reencarnación y vuelta a la vida para combatirles. En base a ello, y desde un punto de vista evangelizador, ¿quiso dejar de manifiesto el cantero, una demonización hacia los antiguos cultos y costumbres, que eran consideradas como netamente salvajes, demoníacas y paganas?.
Sea como sea, no cabe duda de que entre la rica simbología que desplegaron los canteros medievales que levantaron esta fascinante iglesia, hay lugar para la especulación, para el asombro e incluso, como ya he dicho anteriormente, para descubrir también inquietantes y por qué no volver a decirlo, posiblemente únicas.


(1) Gérar de Séde: 'El tesoro cátaro', Plaza & Janés, S.A., Editores, 2ª edición, diciembre de 1969, página 255.
(2) Por citar sólo algunos: el poeta William Butler Yeats y los escritores Arthur Machen y Algernon Blackwood.

miércoles, 3 de julio de 2013

El peculiar embrujo de Allariz


'Recoged desde ahora las rosas de la vida...' (1)

Y la nave va, oh capitán mi capitán. En ella, el peregrino que accede a la magia de la terra galega a través del Camino Mozárabe o Vía de la Plata, alcanza Allariz, sabiendo que está a tan sólo una veintena de kilómetros de la capital orensana y de ese magnífico Pórtico del Paraíso de su catedral, que le supondrá un inestimable anticipo de aquél otro, el de la Gloria, que aún con la lacra de los andamios le espera para mostrarle las inigualables delicias del Maestro Mateo, último umbral hacia el corazón de la Inventio en el milagroso solar del Campus Estellae. Tal vez en su camino, se haya percatado de que a pesar de ser Orense la única provincia de Galicia que no tiene frontera natural con el mar, el alma de los aurienses es como una caracola que recoge mil y un sonidos marinos. Lo presiente situado sobre un puente que corteja con respeto el paso de un río de prístinas aguas , que transforman los rayos del sol en plateadas escamas de sirena, llevando en su nombre un genuino recuerdo bíblico: el Arnoia. Lo volverá a presentir algunos metros más adelante, junto al Ayuntamiento, en esa fuente situada enfrente de la iglesia de Santiago, donde los canteros, utilizando el sortilegio de su maza y su cincel, atraparon en el alma de la piedra a dos ninfas del agua.


Y es que en Galicia el paisaje, como la piedra -dejando para mejor ocasión, la mediática importancia de su megalitismo superior- tienen un alma muy antigua y muy particular, como demuestran los detalles de sus innumerables escudos y la tendenciosa intencionalidad oculta en sus templos más antiguos y emblemáticos. Aquí en Allariz, y de forma desigual, cuál una pleitesía sine qua num a la propia vida y sus mortales reglas de evolución, destacan, cuando menos, precisamente este templo de Santiago, con sus dos portadas -una abierta en el sur y la otra orientada hacia el oeste, mirando en dirección al Camino de las Estrellas-, sus múltiples enigmas epigráficos -que denotan, probablemente en su desarrollo diferentes periodos artísticos-, su fabuloso Cristo románico -colgado sobre el cielo pétreo del altar- y la dulce presencia, llena de gratia plena, de su barroca Virgen Peregrina. Aquél otro, dedicado a la figura de Santo Estevo -un santo, como San Bieito, (que tiene también su iglesia más arriba, en la plaza), bastante popular a este lado de la Ribeira Sacra, como en la parte lucense lo es San Martiño-, y aún más allá, la portada sobreviviente del que fuera memorable templo de San Pedro; una portada que, por las características de sus capiteles, así como por el nombre de la calle donde se ubica -Horta- quizás le recuerde al peregrino aquél otro que se encontró a su paso por Zamora, situado no demasiado lejos del de Santiago de los Caballeros -donde fue armado caballero el Cid Campeador-, y en cuya torre se custodió, hasta no hace muchos años, el archivo general de los caballeros hospitalarios en dicha ciudad: Santa María de la Horta.


Una ciudad, de peculiar embrujo, que demuestra en la blanca cal de las fachadas de sus casas, esa añoranza marinera que se comentaba más arriba, más típica de los pueblitos colgados como estrellas del litoral, que aún recuerda, con sentido homenaje, en la figura del boi o buey, la herencia primordial del pastoreo celta, sin olvidar ese mundo sobrenatural que gira alrededor de sus cruceiros, mágicos espanta-ánimas a la sazón, y los viejos mitos en los nombres de sus calles, como la que lleva por nombre Lobariñas y nos recuerda al único caso de licantropía del que existe un extenso archivo histórico a disposición del investigador: el de Romasanta. Porque, si bien no fue en la propia ciudad donde se desarrollaron tan sanguinarios acontecimientos bajo el influjo de la luna llena, basta sólo darse una pequeña vuelta por los alrededores, para darse cuenta del extraño sortilegio que aún se oculta en lo más profundo de sus impenetrables bosques. Baste de ejemplo, ese que muchos peregrinos atraviesan en su camino hacia la cercana Santa Mariña de Augas Santas y el denominado Forno da Santa. Y es que, como demuestra muy bien Allariz, Galicia sueña con ser moderna, sin olvidar nunca sus milenarias raíces.

UNA PUNTUALIZACIÓN: en ocasiones, la memoria resbala. Al hablar de la imagen barroca de la Virgen Peregrina, quería referirme a la imagen barroca de Santiago. La Virgen Peregrina, se localiza no muy lejos de Allariz: en la Colegiata de Santa María, en la población de Xunqueira de Ambía.

(1) N.H.Kleinbaum: 'El Club de los Poetas Muertos', licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de The Walt Disney Company España, S.A., 1991, página 73.

Publicado en STEEMIT (TALENTCLUB), el día 23 de mayo de 2018: https://steemit.com/spanish/@juancar347/el-peculiar-embrujo-de-allariz