martes, 27 de abril de 2010

Capricho de Abril versus Feliz Primavera


Un breve inciso antes de proseguir mostrando los numerosos detalles del último viaje por tierras de Navarra, Huesca y las Cinco Villas, para festejar la llegada de la primavera, esa estación del año tan especial en la que Gaia, sin duda coqueta como el eterno femenino, nos gratifica. Posiblemente este año, y debido a la especial crudeza del invierno que hemos padecido, Gaia aparezca más dulce, más florida y más esplendorosa que en años anteriores.
Algo de lo poco o mucho que he aprendido durante estos años vagabundo cual emulador de peregrino por esos inolvidables Caminos de Dios, es que a veces no hace falta salvar grandes distancias para disfrutar de un guiño de sol; de una brisa suave; de un césped acogedor, verde y mullido sobre el que descansar la fragilidad de un cuerpo limitado que, en mi caso, debería cuidar mejor. No hace faltar salvar grandes distancias, para encontrar un paradisíaco micro-universo en el que relajarse, siquiera por unos minutos, del estrés de la vida cotidiana. Una suave fragancia, un dulce canto de aves; un diminuto pero Tchaikovskiano Lago de los Cisnes; una diminuta ermita rodeada de árboles, con una enigmática tumba piramidal en la que, se supone, descansa uno de los últimos eremitas de Madrid; un laberinto en el que perderse y poner a prueba la imaginación, emulando a Teseo y la magia bienhechora del hilo de Ariadna...
Aunque lo he mostrado en otras ocasiones, esto no quita para que comparta con todos vosotros este pequeño capricho que me dí a mí mismo el pasado domingo. ¿Y qué mejor lugar que precisamente ahí, en el madrileño Parque del Capricho?.
Lo dicho, buen provecho y ¡Feliz Primavera!.


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