lunes, 13 de enero de 2014

Fromista: los retablos góticos de la iglesia de San Pedro


Situada en la calle principal de Frómista, enfrente de la estatua de San Telmo -hijo predilecto de la ciudad y compañero de estudios de Santo Domingo de Guzmán en la universidad de Palencia-, así como también en las proximidades de un curioso edificio que llama la atención por su peculiar conjunción de estilos, donde a la vista del uso y abuso de columnas greco-latinas y motivos mitológicos, el peregrino tiene la incierta sensación de que los canteros medievales reaprovecharon parte de un antiguo templo pagano para levantar el actual, dedicada a la figura de San Pedro. Ahora bien, y no obstante las primeras reticencias, es en su interior donde peregrinos y visitantes tienen la oportunidad de contemplar no sólo la presencia de determinados personajes de la rama dorada, cuando no eminentemente mistérica del santoral cristiano, sino también el deteriorado retablo gótico de Santiago y aquéllos otros, maravillosos en forma, ejecución y mensaje, que en tiempos iluminaban la cercana iglesia de Santa María del Castillo.
Sin pasar de largo, al menos por algunos de esos personajes mistéricos a los que se hacía referencia, cabe destacar, situadas ambas en el lateral derecho de la nave, las llamativas figuras de Santa Lucía y de Santa Águeda, además de las tradicionales hojas de palma, unos característicos atributos -ojos y pechos, respectivamente- que, lejos de constituir un escabroso detalle -sobre todo si se observan desde un punto de vista equidistante del literal-, deberían hacernos reflexionar, en primer lugar, sobre el tipo de recipiente griálico que los contiene -plato o bandeja-, y seguidamente, con su simbolismo añadido, referido a la visión interior -en las tradiciones orientales, son notables las referencias al tercer ojo u ojo espiritual- y al alimento espiritual, del que se nutre o aspira a nutrirse algún día, todo auténtico buscador del Conocimiento. Al igual que la presencia de Santa Catalina, con su rueda inseparable, característica del mundo y su eterno movimiento, reflejada en el lateral izquierdo, como parte integrante de los misterios que rodean al retablo de Santiago. Un retablo que, muy deteriorado, fue descubierto en el año 2004 y está considerado como el vestigio mueble más antiguo de la iglesia de San Pedro. Aún en su deterioro, pueden verse algunas escenas relativas a la vida del Apóstol, entre ellas, la conversión del mago Hermógenes y su discípulo Fileto.
Pero es, no obstante, en uno de los cuartos anexos, reconvertido en pequeño museo, donde la magia de los retablos góticos ha de producir una visión placentera, unida a la contemplación de una curiosa Virgen gótica de finales del siglo XIII -la Virgen Panadera, que por algo estas tierras de campos son pródigas en Pan y Vino- y un elemento netamente griálico, comparable a otros varios que se localizan en diferentes puntos de la geografía peninsular -como O Cebreiro, por ejemplo-, denominado la Patera del Milagro, de cuya historia nos ocuparemos dentro de algún tiempo, cuando las circunstancias nos permitan hablan de esos objetos especiales que tanto abundan en el Camino.
Procedente de la iglesia de Santa María del Castillo, en 1980 fueron robadas algunas de las tablas, desmembrándose el retablo, siendo, al parecer, uno de los ejecutores del robo, el famoso ladrón Erik el Belga, cuyas acciones tanto daño hicieron en el Patrimonio nacional. Aunque fueron recuperadas todas, hubo una, sin embargo, que fue imposible recuperar pues los ladrones la trocearon para poder venderla mejor. Datadas, aproximadamente, en 1485, se sabe que en su ejecución intervinieron al menos tres reputados Maestros: el Maestro Salomón, de Frómista; el Maestro burgalés de los Balbases y el Maestro Antón. De su maravillosa calidad, ofrece testimonio el detalle de haber sido expuestas -afortunadamente, con billete de regreso- en el certamen dedicado a las Edades del Hombre, celebrado en Nueva York.
Los retablos, repletos de símbolos y detalles que recomiendo que estudie con detenimiento el peregrino o el visitante que un día se dejen caer por Frómista, contienen los capítulos más relevantes de la vida de Jesús. Pero, no obstante, como anticipo a futuras entradas, conviene observar, allá, en el episodio de la Adoración, la esterilla dorada, con forma de mandorla, sobre la que está tumbado el Niño, pues esa misma forma, volveremos a encontrárnosla algunos kilómetros más adelante: en el interior de iglesia de Santa María la Blanca, en la que fuera antigua encomienda templaria de Villalcázar de Sirga.

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