sábado, 4 de septiembre de 2010

Un rincón mágico de Palencia


Este tipo de lugares, generalmente no aparecen en las guías; ni en la Michelín o en la Campsa, sobradas de estrellas y recomendaciones, ni tampoco en aquellas otras que, sugiriendo con mayor o menor detalle la visita a tal o cual monumento histórico-artístico, no dedican una sola palabra al entorno en el que éste o aquél se localizan, y sí se pierden, por el contrario, en abundancia de detalles técnicos de difícil comprensión. Por eso las guías, en mi opinión, suelen ser reflejo del gusto o la necesidad particulares del autor, y suelen incidir, sobre todo, en aquellos monumentos grandiosos que, en teoría, se supone que han de atraer mucho más la atención del viajero.
Por el contrario, procuro hacer poco caso de ellas -a excepción de alguna pertinente consulta- pues si algo me emociona particularmente, es perderme por esos caminos de Dios y paladear al máximo todos y cada uno de los detalles que pueda depararme la aventura.


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Sí es cierto, no obstante, que junto a este pequeño rincón de vivos colores, perdido en las cercanías de Aguilar de Campóo, hay una preciosa iglesia románica -la de Santa Marina- que sí aparece en las guías. Y aparece, todo hay que decirlo, con total justicia y merecimiento, pues se trata de un soberbio ejemplo de románico palentino -permítaseme el término- que bien merece ser visto y estudiado. Pero eso forma parte de otra historia, así como también el pueblecito, tranquilo y resguardado sobre sí mismo, que la alberga: Vallespinoso de Aguilar.

Un pequeño rincón -fuera de las guías oficiales, como digo- en el que se conjuga la magia del color que conforman amapolas y girasoles por un lado, y el dorado vital de los trigales, por el otro. El arroyo de aguas cristalinas, que se desliza campo abajo, con algún que otro cardo instalado en su ribera y una formación rocosa al fondo, en forma de presa que, cuál muralla mandarina, le da protección y cobijo.

En definitiva, un diminuto shangri-lá, perdido en una tierra cuya Historia, y a golpes de paciencia y azadón, tiene aún muchas cosas que contar.

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