jueves, 8 de diciembre de 2011

Frías: encanto medieval




'El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

-polvo, sudor e hierro- el Cid cabalga...' (1)


Caminos del Cid; caminos de misterio y gloria. De Frías, recuerdo particularmente una tormenta que nos sorprendió poco después de dejar atrás la ermita de Tobera y la capilla del Santo Cristo del Milagro. El agua, que caía en abundancia, nos sorprendió apenas nos alejamos del vehículo, el cual dejamos estacionado en los aparcamientos habilitados a la entrada de la ciudad, debajo de las murallas de su imponente castillo. Un castillo que, visto así, desde abajo, parecía extender sus milenarias almenas hacia un cielo gris, impenetrable, semejando la prolongación de los tejados de unas casas que, apiñadas en hilera por su calle principal, aún conservan esa arcana esencia de su glorioso pasado medieval. Por estas calles, escalonadas y en cuesta, el agua descendía alegremente, en regueros que más abajo habrían de fundirse con la afortunada tierra de un valle de Tobalina, en cuya defensa, ciudad y castillo jugaron en tiempos un importante papel.

[continúa]





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(1) Manuel Machado





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