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El Camino: Misterio y Magia

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E scribía Howard Phillips Lovecraft, en la introducción de su pequeño ensayo El horror en la Literatura (1), que la emoción más antigua y más intensa de la humanidad, es el miedo y el más antiguo e intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido . El Camino, es esa frontera, a veces irracional, que el hombre debe salvar para trascender una existencia que, en el fondo, le parece anodina y hasta en ocasiones vacía, considerando que las respuestas a la gran pregunta, están ahí fuera. Y o no diría que cuando me aventuro por esos caminos de Dios, lo hago con miedo; si así fuera, me quedaría en casa silente, adoptando el papel de jilguero que termina aceptando el alpiste como lo más natural, resignado, entre gorjeo y trino, a que los barrotes de su jaula sean el cielo más alto al que puede llegar. C ierto es, así mismo, que a veces, saliendo con o sin destino definido, resulta imposible no pensar, siquiera por un momento, cómo se desarrollará ese viaje y qué avatares, imprevisibles pero r...

Otoño en el embalse de la Cuerda del Pozo

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A veces creo que fue ayer, en este mismo lugar, donde un muchacho que se parecía a mí, soñaba, junto a las tranquilas aguas del embalse, con ese corazón de las tinieblas de Conrad -de ahí el por qué del título de la canción de Supertramp que acompaña al vídeo- y aún espantado y maravillado a la vez por la grandeza y la miseria que convierten el corazón humano en un campo de batalla entre el Bien y el Mal, abandonaba sigilosamente África, para embarcarme en esa fantástica Nave de los Sueños, y continuar con una travesía incierta por los oscuros laberintos de las calles de Praga. Buscaba al Dominico Blanco, y la única carta de presentación que tenía, allí, debajo de la sombra del mismo pino -hubiera sido impedonable, elegir otro árbol en Tierra y Corte de Pinares- era el nombre de un caballero que cambió su carrera en el banco, por el placer de la ruina literaria. El caballero en cuestión, se llamaba Gustav Meyrinck, y no tanto por su condición de judío como por los esoterismos a los qu...

Símbolos en el Camino: el Arcoiris

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E n ocasiones la Naturaleza, sabia por encima de todas las cosas, gratifica al peregrino, mimándole con su maquillaje original. Contemplar un hermoso arcoiris, señalando un Alfa y un Omega que une Cielo y Tierra, recompensa después de una fatigosa aunque productiva jornada. T an magnífico arcoiris, nos gratificó, con creces, el paso lunes, 29 de marzo, en los eríneos campos cercanos a Luesia, mientras más o menos agotados, regresábamos al lugar de hospedaje: Ejea de los Caballeros. E spero que la presente entrada sea gratificante para todo aquél viajero que se pasee por estas páginas.

La Soledad de un Caminante

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'Caminante, son tus huellas el camino, y nada más caminante, no hay camino: se hace camino al andar Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar...'. [Antonio Machado: Poeta] ******* A fectos me unen a la tierra; y sin embargo, en el aire flota, intensa, magnética y hechicera, la llamada del Camino. Y aunque procuro llevarlos a todos conmigo, Caminante nací...y andando hago Camino. P or eso, para no olvidarme de nadie, dedico este vídeo a Todos mis amigos. En el fondo, allá donde me encuentre, siempre estáis conmigo.

Caprichos de Madrid

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L ejos de los Caprichos de Goya, y también de la Leyenda Negra iniciada en tiempos de Felipe II, he aquí unos auténticos Caprichos que, no sin avatares, han sobrevivido a los deseos de privacidad de una duquesa; al tiempo, y sobre todo, a la barbarie de los hombres. N o se precisan más comentarios. Aunque en pequeña parte y de corta duración, han sido reunidos con el único fin de liberar algo del estrés que una ciudad como Madrid puede llegar a generar. Y de paso, ¿no creéis que de vez en cuando nos podemos dar el Capricho de Soñar?.

Una Fuentona leonesa

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M e la encontré de improviso estando todavía en la provincia de León, muy cerca de la frontera con Asturias. El sol, reflejado en sus aguas azules, parecía estar dándose el primer baño de la mañana. Después crucé un túnel -uno de los muchos túneles de la autovía de montaña que une ambas provincias- y a la salida, como única referencia, sólo ví estos carteles: V illablino C aldas de Luna A rroyo de la Fuentona P or romanticismo, por defecto o quizás porque me trajo recuerdos de otro lugar entrañable de la provincia de Soria, me quedo con este último.