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Mostrando las entradas etiquetadas como modernismo catalán

Tibidabo: el Sagrado Corazón

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H ay algo de occitana resonancia en ese sonoro nombre, Puig de l'Áliga o Cerro del Águila , con el que antiguamente se denominaba al pico más alto de esa sierra de Collserola, cuyo nombre actual, Tibidabo, recuerda -o así lo creen muchos-, a aquél otro lugar de Tierra Santa donde el Diablo -posiblemente el mismo fatigado y melancólico con largas horas taciturnas que describía Apollinaire, y que posiblemente inspirara también el Mefistófeles de Goethe-, fracasó en sus pretensiones de tentar a Cristo. Desde luego la comparación, lejos de ser gratuita, le viene al pelo a un lugar que, como aquél sacromonte tentationis , despliega una inconmensurable visión a sus pies. Tal vez por eso, para alejar espíritus perversos, o quizás, para no permitir que los dioses volátiles de los antiguos cultos volvieran a campear por sus respetos amenazando a la católica, apostólica y romana  doña Cuaresma , se decidió levantar en su cima, a principios del siglo XX, otro templo de filiación modern...

La Casa Ametller

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H ay quien asevera, y yo así también lo creo, que Gaudí fue genuinamente respetuoso cuando remodeló de arriba a abajo la casona que sería el futuro hogar del comerciante Batlló y su familia, para no afectar a éste otro soberbio exponente del Modernismo catalán, obra del prolífico arquitecto Josep Puig i Cadafalch: la Casa Amatller. Encargo del industrial del chocolate Antoni Amatller -la zona ya parecía presentir que habría de convertirse en el bastión de la burguesía acomodada de la época y emblema de la opulencia del futuro-, fue proyectada entre 1898 y 1900. Si en su ejecución, la vecina y alucinante Casa Batlló juega intensamente con la seducción natural, la Casa Amatller recurre a la escultura de diseño y a los viejos mitos para atraer la atención de un mundo todavía inmerso en la herencia inmemorial de los arquetipos. De tal manera, que un vistazo a la fachada, así como a la planta baja -que es la única que se permite visitar-, constituye una especie de introducción al mundo ...

Arte y Misterio de Barcelona: la Casa Batlló

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‘Vamos a huir de las llamadas realidades que no son sino humo, polvo y ceniza, yendo a buscar el ensueño donde quiera que podamos encontrarle’. [Mario Roso de Luna] D e ensueño, si bien breve que la dicha es efímera y los sueños al fin y al cabo sueños son, como decía nuestro inmortal Calderón, se podría calificar una visita a esa arquitectura mágica, viva y funcional que define la obra y el pensamiento de una de las mentes más brillantes y lúcidas de la Historia: la del genial arquitecto catalán, Don Antoni Gaudí i Cornet. Posiblemente, tanto éste como Mario Roso de Luna –evidentemente, cada uno en su respectivo ámbito de influencia-, entendieran el ensueño –y por el momento, dejaremos a un lado a Castaneda y sus enseñanzas de Don Juan -, como esa hermosa crisálida que permanece oculta dentro de su caparazón, ajena por completo a ese otro espejismo –recurriendo a la filosofía budista- que, considerado como realidad, no dejaría de ser, después de todo, similar al mito de l...