jueves, 6 de enero de 2011

Toledo, retazos de Historia y Magia

'Todavía hoy en los rodaderos de Toledo, entre el puente de Alcántara y el puente de San Martín, después de una fuerte lluvia torrencial en las cárcavas que se forman por el agua aparecen piedras decorativas visigodas y alguna que otra moneda...'.
[Fernando Ruiz de la Puerta (1)]

Tuve el enorme placer de conocer al profesor Fernando Ruiz de la Puerta el pasado 27 de noviembre, durante el transcurso de la II Jornada Ciudad de Toledo de Ciencias Ocultas. De hecho, gracias a su gentil amabilidad, pude asistir a la última de las conferencias de aquél inolvidable sábado que, pronunciada por Miguel Blanco -director del programa radiofónico Espacio en Blanco- pretendía alertarnos de futuros acontecimientos que, basados en una supuesta profecía maya, han de suceder, si la Humanidad no lo remedia, en diciembre de 2010, probablemente coincidiendo con el próximo solsticio de invierno; es decir, a la vuelta de la esquina.
Mi opinión al respecto, formará parte de una entrada que desarrollaré en otro momento, aunque quizás no esté de más, que adelante mi opinión personal sobre el Apocalipsis, ciñéndome a su significado literal de revelación o cambio, que no tiene por qué ser necesariamente traumático -por muy mal que vayan las cosas en el mundo- como tampoco lo fue -salvo para aquellos que se dejaron llevar por la histeria- en el año mil, ni trajo excesivas y desagradables sorpresas con el sonado y temido efecto dos mil.
He elegido a propósito este párrafo del último libro de Fernando porque, simbólicamente hablando, define a la perfección la sensación que se experimenta cuando uno pasea por las calles de ésta emblemática ciudad, que aparte de ser la capital del malogrado reino visigodo, constituyó y continúa constituyendo en la actualidad, un auténtico Axis Mundi por el que una auténtica corriente de ancestral sabiduría que, de la mano de la magia, la leyenda y la tradición, brota, como un chorro jordánico, de las ignotas profundidades de sus subterráneos; se deja sentir en las estrecheces y símbolos de sus calles, y te asalta, como un espectro enfurruñado al final de sus empinados callejones.
Y no obstante, no es necesario esperar la llegada de una fuerte lluvia, ni tampoco husmear con avidez por la ribera sacra del Tajo, entre los puentes de Alcántara y de San Martín, para verificar las afirmaciones de Fernando. Basta tan sólo con pasear tranquilamente por las calles de Toledo, para que retazos de Arte y de Historia te salgan al paso, como los brazos implorantes de docenas, cientos de ánimas que desde el purgatorio del olvido reclaman un minuto de atención; y también, ¿por qué no?, una simple fotografía que ayude a sacarlas de ese olvido en el que moran y hacerlas, simplemente con el recuerdo, protagonistas por un día.
Algunos de los lugares tienen nombre propio: el Palacio del siglo XV de los Señores de Pantoja y Angulo; el Casón de los López de Toledo, hoy día convertido en restaurante, cafetería y bodega; parte del revestimiento exterior de la iglesia de San Bartolomé; la fachada de la mezquita del Cristo de la Luz, que muestra parte de los arcos mudéjares que han hecho únicos los del monasterio soriano de San Juan de Duero, e incluso una de las pequeñas cúpulas del interior, cuya forma de estrella de ocho puntas es comparable a la de San Miguel de Almazán e incluso a la de iglesia ascensional de Torres del Río, en Navarra; el restaurante La Perdiz, situado muy cerca de la imponente iglesia de San Juan de los Reyes, en cuya fachada un escudo nobiliario distribruye conchas de peregrino o vieiras a los cuatro puntos cardinarles...
Otros, sin embargo, enseñan solitarios retazos, demostrando que, en el fondo, nunca llueve a gusto de todos y algunos se mojan más que otros.
Calles, como la de la Mano Cortada o la de la Sierpe y callejones como el del Diablo y el del Infierno, que auspician fantásticas historias, o peñas, como la del Moro, que arrastran no menos fantásticas leyendas.
Esto conforma, pues, el viaje fantástico cuyo recorrido os propongo en las próximas entradas y del que, quién sabe, quizás en una futura visita, consigáis que la Magia de Toledo os envuelva como sin duda me envolvió a mí.
(1) Fernando Ruiz de la Puerta: 'Historia de la Magia en Toledo', Ediciones Covarrubias, 1ª edición, febrero de 2010, página 19.


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