viernes, 12 de agosto de 2016

El románico peregrino de La Coruña


Tiene La Coruña, entre otros muchos atractivos, desde luego, dos antiguas iglesias románicas que, situadas en el interior del casco antiguo, atraen irremisiblemente la atención del peregrino: la iglesia de Santa María do Campo y la iglesia de Santiago. Más o menos contemporáneas, en ambas se aprecian detalles y elementos no exentos de interés que, a la postre, contribuyen a enriquecer, siquiera sea de una manera lúdica y cultural, los pormenores de un viaje que ya de por sí conlleva unas especiales características. Posiblemente más conectada con aquello que los especialistas consideran como influencia compostelana, la portada principal de la iglesia de Santa María do Campo, orientada hacia poniente, ya nos muestra, en la escultura de su tímpano, un tema que nos vamos a encontrar en numerosas iglesias situadas, sobre todo, a lo largo de la costa: la Adoración de los Magos. Una escena, en la que, en el caso que nos ocupa, se da especial relevancia a la figura de María, pues bien observada, aún entronizada, aparece más alta que el resto de los personajes, conformados estos por San José y los tres magos. Merece la pena hacer hincapié y llamar la atención sobre esta escena, porque además, el cantero introdujo, por partida doble, un motivo en el que cabe, cuando menos, cierta suspicacia: la inclusión de la torre. Situadas en ambos extremos, muestra la de la izquierda las cabalgaduras –no hemos de olvidar, la figura del caballo como vehículo psicopompo- de los magos, detalle que también se puede encontrar en la temática afín a alguno de los magníficos sepulcros medievales que se conservan en la catedral vieja de Salamanca. Mucho más arquetípico, no obstante, resulta el tímpano de la portada sur, cuya escultura, también es cierto que más afectada por la erosión, muestra una curiosa escena, en la que sobresalen, quizás como claves, la inclusión de varias ruedas crucíferas, elementos que podrían conectarse no sólo con la figura de Santa Catalina –como ocurre con un capitel de la iglesia de Santiago, en Ribadavia, Orense (1)-, sino también con ese curioso arcano del Tarot, el Carro –por la forma en que se distribuyen estas ruedas crucíferas-, tan relacionado con el sentido de movimiento y que podría aludir, de paso, a ese viaje no sólo exterior sino también interior que, teóricamente está realizando el peregrino, cuyos antecedentes ya encontramos en el Antiguo Testamento, en las circunspectas experiencias de personajes como Enoch o Ezequiel. Otra curiosidad que ofrece este templo, son los orientalismos –comunes, en muchos casos, al románico de Galicia- añadidos, posiblemente en época posterior, como la pirámide que culmina la torre situada en el lado de poniente y el curioso templete añadido del ábside.

Tal vez más sencillo en apariencia, pero no menos interesante en cuanto a referencias y simbolismo, el templo de Santiago, situado en las inmediaciones de la Capitanía General, muestra, en su portada principal, también orientada a poniente, una imagen ecuestre de Santiago, siendo el motivo que ocupa el tímpano de la portada sur, el tradicional Agnus Dei, motivo que suele ser bastante común a numerosos templos situados en diferentes lugares de la costa e incluso en el interior. Aparte de las curiosas marcas de cantería, apreciables sobre todo, en este lateral sur, donde también se observa la presencia de arcosolios que pudieron contener sepulcros en sus orígenes, la portada principal también nos unos curiosos botones crucíferos y la presencia de ángeles turifarios, portadores, en algún caso, de los elementos de la Pasión. Domina el altar mayor, una hermosa escultura de Santiago, escoltado por San Joaquín y San José y en uno de los laterales, una curiosa Virgen de la Leche, imágenes que hubo una época, a partir del siglo XVI en la que se prohibieron por decoro, pero que, como demuestra la famosa alegoría de San Bernardo su significado es más profundo y trascendente.

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(1)   Ese mismo tipo de rueda, figura en una curiosa imagen entronizada, posiblemente de Santa Catalina, que al menos en 1985, año en el que Juan García Atienza publicó la primera edición de su Guía de la España templaria, se localizaba en el templo de San Juan de los Caballeros, en Benavente.