domingo, 14 de febrero de 2010

Soñando caminos en el Cielo de las Brujas

'Las dos maneras más radicales de enfrentarse con lo maravilloso entre los hombres son la del que está dispuesto a aceptarlo por sistema y la del que por sistema no lo acepta...'
[Julio Caro Baroja: 'Vidas mágicas e inquisición', Tomo I, Círculo de Lectores, 1990]
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Lo maravilloso, un adjetivo que generalmente utilizamos para hablar de aquello que nos fascina; de aquello que, comprensible o incomprensiblemente, despierta en nuestro subconsciente la idea de que existe algo, conocido desde antiguo como magia o goecia, que nos empuja a mirar más allá. Cuando uno recorre esos caminos, con el alma preparada para cantarle odas al entorno, llega un momento en el que se hace, desde luego, susceptible a él. Sus esquemas perceptivos varían, y al hacerlo, se percata de que hay otros caminos, otros mundos. Durante las largas horas de su caminar, su mente, activa, descubre que no sólo hay caminos en la tierra o en el mar, sino también en el cielo. Son los caminos que recorrían ancestralmente las brujas, seres fantásticos y mitológicos, para desplazarse al aquelarre. Caminos repletos de nubes que, a poco que uno se fije en ellas, puede que llegue a la conclusión de que, en el fondo, son un fiel reflejo humano: nubes lánguidas, como adolidas de melancolía; nubes negras, como el enfado; nubes grises, como la inconsecuencia...
Nubes, donde aquél Ulises que en el fondo somos todos los caminantes, intuye la morada de una maga, quizás la mítica Circe, que fija su mirada hasta en las miríadas de polvo que cubren esos, en ocasiones, abruptos caminos de los sueños; esos mismos caminos donde tienen cabida todos los sortilegios y donde todas las historias tienen posibilidades de convertirse un día en realidad.
Yin y Yang; blanco y negro, hechizos que recorren certeros los cielos, alcanzando corazones en las encrucijadas de los caminos, alli mismo donde, antiguamente, y por tradición, se ponían cruces para espantar a los demonios.
Nubes cómplices de la Magia, y detrás de cada una de ellas, siempre un horizonte inalcanzable, un escalón más que superar, una prueba que realizar, un destino que alcanzar.


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