domingo, 9 de febrero de 2014

El Santo Cristo del Amparo de Carrión de los Condes


Apenas conocido, y por lo tanto, menos dado a las pláticas y comentarios que su homónimo de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina, el Cristo renano, también de los siglos XIV-XV y conocido como Santo Cristo del Amparo que se conserva en el interior de la emblemática y fabulosa iglesia de Santa María del Camino, en Carrión de los Condes, repite, dentro de la concepción legendaria que le rodea, la persistencia de otro mito, tomado por veraz dentro de los numerosos mitos y leyendas que conforman esa parte maravillosa del Camino, cuyo conocimiento el peregrino va recogiendo en las innumerables escalas que va haciendo, en dirección al Oeste, hasta recalar en Compostela e incluso más allá, en el Finis Terrae.
En una capilla lateral, situada enfrente de donde se encuentra la talla gótica, entronizada y de mirada hierática y sideral de la Virgen del Camino, esta fantástica talla renana, de las conocidas como 'Cristos dolorosos', conlleva asociada similar leyenda a la que circula por la antigua iglesia templaria de Santa María dels Orts, o de los Huertos, más conocida actualmente, y precisamente por este motivo, como del Crucifijo. En ambas, se cuenta que fueron unos peregrinos alemanes, que en señal de agradecimiento por haber realizado con bien el Camino, lo dejaron en depósito. Como aquél, esta maravillosa talla, también tenía originalmente como elemento de martirio, una cruz en forma de pata de oca. O lo que es lo mismo, una cruz con forma de runa de la vida, similar, después de todo, al árbol Yggdrasil sobre el que permaneció crucificado el propio Odín, y donde le fue revelado el misterio de las runas. Si bien, la cruz no es la original, hay motivos razonables para pensar que era idéntica a la del Cristo de Puente la Reina. Hace algunos años, las autoridades eclesiásticas la cambiaron por una cruz tradicional, alegando las malas condiciones de la original. Pero, y aquí he de romper una lanza en favor del pueblo, ante los repetitivos actos de protesta, volvieron a clavar la talla sobre una pata de oca, tal y como se muestra en la actualidad a todo aquel que accede al templo. Y aunque la original se perdió para siempre, la intencionalidad y peculiaridad, no obstante, permanecen, como permanece la imagen, igualmente representada en una de las vidrieras, cuya visión debería de alertar a peregrinos y visitantes, pues es bien visible desde fuera, de que, después de todo, se encuentra ante una iglesia por la que nunca debe pasar indiferente.
Y una cosa más: en cuanto a Cristos peculiares, Carrión de los Condes esconde algunas desconcertantes sorpresas. 

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