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El Duende y la Calleja de las Flores

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'Érase de un marinero que hizo un jardín junto al mar, y se metió a jardinero. Estaba el jardín en flor, y el jardinero se fue por esos mares de Dios..'. [Antonio Machado: 'Parábolas'] ******* -

La Torre de la Calahorra

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'Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo'. [Jorge Luis Borges: 'Ulrica'] ******* - En preparación

El Duende, el Caballero Pelargonium y la Mezquita

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'Si yo hubiera sabido lo que era esto, no hubiera permitido que se llegase a lo antiguo, porque facéis lo que hay en otras muchas partes y habéis desfecho lo que era único...'. [Obispo fray Juan de Toledo] C omo no podía ser menos, mi persecución del Duende comenzó a tomar un cariz implacable la primera vez que visité la Mezquita. No obstante, mi llegada a Córdoba la noche anterior, me tenía aún anonadado, pues ya camino del hotel, pude presentir parte del sortilegio inmemorial que envolvía a ésta ciudad, protegida -según la leyenda- por el mismisimo arcángel Rafael. No en vano, fue uno de los pilares fundamentales de aquél esplendoroso Al-Andalus que sorprendiera al mundo con pensadores de la talla de Averroes; médicos como Maimónides o geniales físicos, como Al-Gafequi y desde 1236 en que fuera conquistada por las tropas cristianas del rey Fernando III el Santo, puntal, también, del denominado Camino Mozárabe de Santiago. Casualmente, el hotel donde me alojaba, llevaba el no...

Buscando el Duende de Córdoba

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L o soñé a primeros de diciembre, aprovechando ese incierto momento en el que las ovejitas, por alguna extraña razón que se me escapa, se negaban a salir del redil, haciendo imposible el recuento. Sin cascabeles que atrajeran a los ángeles del sueño, atisbé un momento por la ventana, observando a una coqueta Selene en inolvidable plenitud, completamente llena, satisfecha y dispuesta a seducir a cualquier soñador que se atreviera a posar sus ojos en ella. Sortilegio o no, créanme, me pareció percibir una sombra brujesca deslizándose sigilosamente en su escoba por encima del tejado del bloque de la casa de enfrente, un armatoste de viviendas de protección oficial, dicho sea de paso, de dos pisos y renta antigua, situadas en el punto de mira de especulativos proyectos urbanísticos paralizados momentáneamente por la crisis del ladrillo. No obstante, fue, sin duda, una visión frugal: como la cena, a la que he de mantener al margen de este asunto, de manera que si me apuran en buscar un reo ...

Lugares Mágicos de Madrid: la enigmática tumba piramidal de Fray Arsenio

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'Sólo recordamos aquello que nunca sucedió...' [Carlos Ruiz Zafón] -

Lugares Mágicos de Madrid: el Templo de Debod

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L ongevo, no en vano tengo una edad aproximada de 2200 años, he de reconocer que poca o ninguna sorpresa, para ser precisos, me produce ya la estúpida frivolidad humana. Creo, y correjidme si me equivoco, que por mucho agradecimiento que pueda haber entre dos países, no deja de ser un auténtico sacrilegio y una aberrante insensatez, regalar un templo. Tal vez hubiera sido mejor descansar en ese lecho de limo y agua, al que estaba destinado, cuando se construyó la presa de Asuán. E n efecto, allí nací, en el sur de mi Egipto amado, cerca de donde el Nilo corta al Tropico de Cáncer, recibiendo el amparo de los benéficos rayos de Ra, mi adorado dios del Sol, en un pequeño oasis, protegido por las doradas, ondulantes y ardientes dunas del desierto. A Amón y a Isis me consagraron, y en el ínterin de los siglos, mi sagrada estructura fue visitada, entre otros y por diversas razones, por egipcios, nubios, nómadas y romanos. Incluso me visitó, aunque dejara breves reseñas, ese al que os referí...

Lugares Mágicos de Madrid: la estatua del Ángel Caído

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'Quomodo cecidisti de caelo, lucifer, fili aurorae?'. '¡Cómo has cáído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora!' [Isaías, cap.14, ver. 12-14] N o dejo de ser una estatua, y sin embargo, ¡cuántos misterios conservo!. No os extrañéis, ni penséis que, cuál representación abominable de la Rebelión, lo que os voy a decir son simplemente falacias. Así lo quiso mi padre, de nombre Ricardo Bellver y de profesión, en apariencia, escultor. L ejos de ver en mí esa bestia abyecta de un Génesis demasiado complicado para ser siquiera intuído -cuando menos comprendido- por vuestras limitadas mentalidades humanas, pensad en mí como en un espíritu libre y mitológico que volvió a nacer en 1877, en una época en la que todavía algunas cosas no se hacían porque sí, y hasta donde una, en apariencia, inocente estatua, ocultaba detalles evidentemente ajenos a la casualidad. N o aludáis al adjetivo de la vanidad para calificarme, si os digo que Bellver, gracias a mi, obtuvo, un año después de ...