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Triacastela: iglesia de Santiago

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T riacastela, por algún motivo indeterminado, nunca se convirtió en la gran urbe soñada por el rey Alfonso IX; al menos, esa es la opinión de un peregrino que, según él mismo confiesa en uno de sus libros más conocidos, recuperó su Espada en el Camino de Santiago: Paulo Coelho. Son, aproximadamente, veinte los kilómetros que la separan de ese centro inconmensurable de Poder, que es O Cebreiro, y unos diez –kilómetro más, kilómetro menos- los que hay desde esa parada que los peregrinos generalmente obvian, en la que nos quedamos en nuestro último tranco: Temple. Precisamente, tanto Alfonso IX primero, como su hijo Fernando II después, fueron generosos con la Orden del Temple, independientemente de que el primero mantuviera sus más y sus menos con ellos, ordenándoles desmantelar, a instancias de su hermana Doña Urraca, el poblado que éstos habían desarrollado alrededor de su bailía de Faro, lugar en el que se habían instalado, probablemente, por la intercesión del poderoso conde de...

Un lugar llamado Temple

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D ejando atrás Hospital da Condesa, y apenas un kilómetro más adelante, un desvío a la derecha señala hacia el lugar donde se ubica Sabugos y un pueblecito denominado Temple. Fuera de la ruta específica del Camino de las Estrellas a su paso por este hermoso pero difícil tramo, los peregrinos, no obstante, se adentran por este desvío pues, a unos cien metros, aproximadamente, su ruta continúa por un sendero rural, paralelo a la carretera general. Este sendero, queda convenientemente señalado por un mojón, en el que alguien, con toda la intención implícita, ha sustituido las típicas flechas y vieiras de señalización, por el esotérico símbolo de la pata de oca; aquélla, precisamente, que llamada Runa de la Vida , el peregrino ya ha tenido ocasión de observar como cruz y símbolo martirial -no olvidemos tampoco, a este respecto, la leyenda nórdica del dios Odín- en dos lugares muy determinados del Camino: la iglesia templaria del Crucifijo, en Puente la Reina y, de haber tenido suerte y...

Hospital da Condesa

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D e tranco en tranco, o mejor quizás, de oca en oca, el siguiente punto de interés para el peregrino, en este tramo del Camino de las Estrellas, se encuentra, aproximadamente, a cuatro o cinco kilómetros del Alto de San Roque, que acabamos de dejar atrás. No se trata, tampoco, de una población importante, pero sí cuenta con hostales y algún que otro lugar de restauración, que el peregrino agradece. Como en los anteriores casos de O Cebreiro y Liñares, volvemos a encontrarnos, en su iglesia de San Juan, ese estilo peculiar que caracteriza los templos de la zona y que, aún consistente en esa austera sencillez rural, no dejan de ser, después de todo, construcciones que respetan, al menos de forma básica, las reglas de la Geometría Sagrada, y de las que un buen observador, puede sacar alguna que otra puntilla interesante. De nuevo aquí, en la iglesia de San Juan, el peregrino vuelve a experimentar ese ciclo simbólico de muerte y renacimiento, que le hace penetrar en el templo de oeste ...

El Alto de San Roque

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U n intrincado laberinto de dunas graníticas se hace infinito ante la vista del peregrino que, dejando atrás las últimas casitas de Liñares y su iglesia dedicada a la figura de San Esteban, alcanza los 1270 metros de altitud de este Alto que, como se veía en la entrada anterior, lleva el nombre de un santo misterioso y caminero, compañero cuando no guardián inseparable, generalmente, de Vírgenes Negras: San Roque. E videntemente, la historia ha cambiado lo suficiente como para que, situado a escasos metros de la carretera general LU-633, el peregrino, aún mareada su visión con la contemplación de este interminable mar pétreo que conforman esta parte de los denominados montes de Galicia, no pierda el rumbo y pueda continuar su camino sin errar la ruta hasta el siguiente tranco. Pero para el peregrino medieval, ésta visión debía de constituir una formidable muralla que atravesar, para continuar recogiendo claves en su camino de trascendencia personal. Ignoro, lo reconozco, lo q...

Liñares y su iglesia de San Esteban

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E l siguiente tranco de este tramo de la Ruta Sagrada , como diría Juan García Atienza, se localiza a poco menos de cinco o seis kilómetros de O Cebreiro. De hecho, como afirmaba Don Elías Valiña en su Guía del peregrino a Compostela (1), Liñares fue pertenencia de O Cebreiro, quien disponía allí de plantaciones de lino para subvenir las necesidades del monasterio y del hospital . Si antaño tuvo alguna relevancia, como también deja entrever el fallecido párroco de O Cebreiro, en cuanto a mesones y hospederías, apenas constituye hoy en día un pequeño poblado, enclavado prácticamente a la vera misma de la carretera general que se dirige hacia Triacastela. Pero cuenta al menos, con dos lugares interesantes que reseñar: la iglesia de San Esteban y un restaurante situado a la salida del pueblo, entre éste y el cercano Alto de San Roque. D e estilo rural, que recuerda por su planta y forma esa clase especial de templos montañeses que siguen como modelo base la iglesia de Santa María l...

De O Cebreiro a Triacastela: magia en el Camino del Peregrino

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- Primero te daré un aviso -dijo el padre Jorge-. La Ruta Jacobea es sólo uno de los cuatro caminos. Es el Camino de la Espada. Puede proporcionarte Poder, pero no es suficiente. - ¿Cuáles son los otros tres?- -Conoces por lo menos dos: el Camino de Jerusalén, que es el Camino de Copas o del Grial, te dará la capacidad de hacer milagros; y el Camino de Roma o Camino de Bastos, te permitirá la comunicación con otros mundos. - Falta el Camino de Oros para completar los cuatro palos de la baraja -dije en tono de humor. Y el padre Jorge rió. - Exactamente. Éste es el camino secreto que, si algún día lo realizas, no podrás contarlo a nadie.... (1)   E l Extraño Camino de Santiago o el Camino de la Espada . Según relata Paulo Coelho, fue precisamente aquí, en O Cebreiro, donde recuperó su espada; una espada que le fue entregada en mano por su Maestre, que le esperaba en el interior de la iglesia de Santa María la Real, levantada hace casi un milenio, por monjes fran...

Un breve paso atrás hacia el Bierzo, donde el Niño Jesús juega a cartas

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L legados a este punto, el mágico Juego de la Oca nos indica que, para seguir caminando por los lugares más emblemáticos de otra provincia que aún conserva muchas claves que habrán de maravillar al peregrino, es necesario retroceder varias casillas en el Tablero, y detenerse, siquiera sea por unos breves instantes, en ese hechizador Bierzo -tierra incomparable de misterios, guardada incondicionalmente en el pasado por la Orden del Temple-, y en un pequeño pueblecito, que también tiene su homólogo en la provincia que acabamos de abandonar: Cacabelos. C acabelos, cercano ya a la frontera lucense, vegeta plácidamente, custodiando con celo un misterio ancestral en su imponente parroquial. Con razón, muchos peregrinos continúan desolados su camino hacia Piedrafita y las cumbres imponente del Cebreiro, pues rara vez tienen ocasión de encontrarse las puertas abiertas y poder acceder al interior del templo donde, colgado de uno de los laterales de los muros, un pequeño retablo del siglo...