lunes, 18 de agosto de 2008

El Peregrino en el Norte: Cantabria, Segunda Parte


Picos de Europa: Monasterio de Santo Toribio de Liébana.

'Diríase que Liébana entera es un Nacimiento, un Belén. Montañas gigantes, alternando con verdes colinas; ríos de aguas transparentes, poblados de truchas; pequeños y estrechos valles, cubiertos de verdor y de frutales; mil pueblecitos pinturescos, como nidos de águilas...'.
[Fr. Juan Ariceta: 'Santo Toribio de Liébana y la reliquia de la Santísima Cruz']

¡Santo Toribio de Liébana!. Simplemente el nombre parece ejercer una certera, misteriosa fascinación sobre el espíritu, que va más allá del simple hecho de acceder a un lugar sacro. Porque Santo Toribio de Liébana, es mucho más que un simple monasterio rodeado de bosques y montañas. Es un auténtico Santuario. Un punto neurálgico, donde el magnetismo de la Divinidad se deja sentir a los pocos minutos de deambular por el lugar.
Rodeado de un aura de leyenda, tan impenetrable, quizás, como esas nieblas eternas que parecen haberse instalado definitivamente en las cumbres más altas de las montañas que lo rodean, aquél primitivo emplazamiento -dedicado en un principio a San Martín- dista apenas dos kilómetros del pueblecito montañés de Potes, en plenos Picos de Europa, y poco más de una veintena de Fuente Dé y su espectacular mirador.
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