jueves, 15 de abril de 2010

Símbolos en el Camino: el Arcoiris

En ocasiones la Naturaleza, sabia por encima de todas las cosas, gratifica al peregrino, mimándole con su maquillaje original. Contemplar un hermoso arcoiris, señalando un Alfa y un Omega que une Cielo y Tierra, recompensa después de una fatigosa aunque productiva jornada.
Tan magnífico arcoiris, nos gratificó, con creces, el paso lunes, 29 de marzo, en los eríneos campos cercanos a Luesia, mientras más o menos agotados, regresábamos al lugar de hospedaje: Ejea de los Caballeros.
Espero que la presente entrada sea gratificante para todo aquél viajero que se pasee por estas páginas.

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10 comentarios:

KALMA dijo...
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Syr dijo...

Peplo de Iris, o puede que Iris misma. Mensajero de dioses. Intermediario entre cielo y tierra operando intercambio de corrientes cósmicas. Serpiente celeste. En definitiva, Puente.

Salud y románico

Malvís dijo...

¡ Imprudentes, que sois unos imprudentes¡. Una panda de "pasmaos" de la capital que nunca han visto salir el sol con la lluvia. ¡ Ahora mismo llamo a la DGT para que dejen sin puntos a esa pareja que está en medio de la carretera¡.

Y eso de dedicarlo a la Brujita esa, ni hablar. Le compras una escoba nueva que sale más barato y así sustituye a la que tiene, que se le torció el GPS e iba en dirección contraria a la nuestra.

juancar347 dijo...

Bruja, es cierto: es difícil que precisamente tú te quedes sin palabras, de manera que he de pensar que te ha gustado. ¿Te imaginas?. De extremo a extremo del arcoiris, todo un universo por descubrir: lugares, situaciones, historias, sueños...Sé lo que sientes, y como diría un inglés estirado: Me too. Un abrazo

Hola, Syr: todo un compendio de símbolos que, bajo mi punto de vista, se resumen en uno solo: renacimiento. Un abrazo

Malvís, intransigente Malvís. No me negarás que el espectáculo bien que merecía el riesgo, no crees?. Además, ya tuve la experiencia el verano pasado cerca de Jaca. Salvo que, la suerte o el destino quiso que en el momento en el que apretaba el botón de la máquina de fotos, una patrulla de la Guardia Civil pasara por allí. Quedaron estupendos, con el fondo de las montañas. La broma, con descuento, se me quedó en 50 eurillos. Qué le vamos a hacer: a veces hay que correr riesgos. Un abrazo, gruñón.

KALMA dijo...
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juancar347 dijo...

Muy cierto, Kalma: brujas y templarios. En cierto modo tuvieron algo en común: unas y otros fueron perseguidos y juzgados por herejes.Un buen argumento para una buena historia. Un abrazo

Alkaest dijo...

¿Brujas y templarios? ¡Brujas y templarios!
¡Voto a bríos, charranes y zascandiles!
¡No mezcléis las "churras" con las "merinas"!

Aquí, lo que procede, es el mito ancestral del caldero de oro... Y juro que yo quería ir a buscarlo, pero aquella patulea de incrédulos me lo impidió, con sus burlas y mofas. A más de las amenazas de usar la fuerza bruta, si fuere preciso, llegado el caso de empecinarme en tal empresa.

Otra ocasión habrá, y juro por la Diosa que entonces no seréis bastantes a detener mi quijotesco empeño.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

La idea no es nueva bajo el sol; de hecho, ya la puso en práctica Matilde Asensi en su novela 'Iacobus': una bruja y un hospitalario convertido a templario. Romances provenzales, sueños griálicos. Pero sí, quizás hubiera sido buena ocasión para intentar arrebatarles el caldero de oro a los leprechauns. Prometo dejar que lo intentes la próxima vez. Un abrazo

Malvís dijo...

Pues para el coleccionista de leyendas, he de aportar una. Aquella que dice que la búsqueda del caldero de oro fué trazada por un padre que tenía un hijo excesivamente vago y obeso. Le refirió que allá donde acabara el extremo del arco iris encontraría un tesoro y el hijo, ávido de riquezas, emprendió su búsqueda. A medida que se acercaba, el efecto óptico lo alejaba del extremo del arco iris y...anduvo, anduvo, anduvo.

Cuando le reprochó a su sabio padre el consejo que le había dado, el padre se limitó a decirle: Ya encontrste tu tesoro ¿ te fijaste en lo que has adelgazado?.

juancar347 dijo...

Lo que yo pensaba, Malvís: moraleja, no hay arcoiris que por bien no venga. Abrazos