jueves, 27 de mayo de 2010

Monasterio de Piedra. Tercera Parte: la Magia del Císter


Resulta tremendamente difícil llegar siquiera a imaginar lo que sintieron aquellos trece monjes que, una vez recibida la bendición del abad, Pedro de Massenet, abandonaron el monasterio de Poblet para emprender una incierta aunque cumplida aventura, repleta de deseos de austeridad y sueño de retorno a los orígenes del Cristianismo. La fecha, según las crónicas que han sobrevivido hasta nuestros días, el 10 de mayo de 1194, hace la nada despreciable cantidad de 816 años. Continuando con dichas crónicas, se sabe, también, que entre estos trece monjes -el número no deja de resultar ciertamente curioso-, figuraba el hermano Gaufrido de Rocaberti, miembro de ilustre familia -y posiblemente, hijo menor, destinado, por regla general, al clero-, que anteriormente había profesado en el monasterio de Claraval, en Clairvaux, y conocido a la que, de hecho, fue la figura cumbre del Císter y una de las más importantes de la Cristiandad de todos los tiempos: San Bernardo.
Imagino, pues, a unos monjes con unos sentimientos notablemente variados frente a esa grandeza inconmensurable, y a la vez, aterradora, que subsiste en todos aquellos lugares aún vírgenes del estigma del hombre y de la civilización. Admiración y pánico, frente a unos escarpados riscos, de cuyas cumbres, y como jirones fantasmales, espesas nieblas se deslizan hacia bosques espesos, oscuros e ignotos, asentándose sobre la superficie de un río llamado, genuinamente, Piedra, que en algunos puntos, alejándose de su cauce original, se desparrama generosamente laderas abajo, formando cascadas a cual de ellas más intrincada y espectacular.


video

2 comentarios:

pallaferro dijo...

Este mágico lugar de piedra y agua se merece tres partes, y más.

En efecto, es un enclave que sorprende a todo caminante al ver cómo el lugar cobija esa verde naturaleza y esa cristalina vida.

Muchos recuerdos y un fuerte abrazo,

juancar347 dijo...

Hola, Eduard. Yo no lo hubiera descrito mejor. Y mira tú, que te tomo la palabra y te prometo una cuarta parte que, de hecho, ya tengo preparada en el baúl de los recuerdos y espero que te sorprenda. Un fuerte abrazo, compañero.