sábado, 12 de junio de 2010

Toledo: la ciudad de las Tres Culturas


Es muy posible que, contemplando esta ciudad milenaria, paseando por sus plazuelas y callejas, o simplemente respirando ese aire melancólico y ancestral, el visitante, ávido de leyendas e historias que contrarresten el tedium vitae cotidiano, presienta en su desplazamiento, el encuentro con el fantasma del moro Abu Walid, que perdió la ciudad frente a las tropas del rey Alfonso VI y desde entonces su espíritu vaga sin encontrar la paz; o se encuentre frente a un escaparate de artesanía tradicional, con el fantasma de Ahasverus, el judío errante, condenado a vagar sin descanso por su malevolencia cuando Jesús cargaba con la cruz camino del Calvario; ¿o por qué no?, al pasar bajo la Puerta de los Alarcones, toparse con el fantasma decapitado del pérfido alcalde Fernando Gonzalo, mandado decapitar por el rey Fernando III por su maledicente e infame pasión por robar honras.

Cualquier cosa puede ocurrir en una ciudad como Toledo, desde el momento en el que cantan los gallos, hasta aquél otro en el que el sol, escoltado en su retiro por una auténtica legión de golondrinas, se aleja bostezando en dirección al único lugar al que el ser humano, por mucho que corra o camine, jamás podrá llegar: el horizonte.

A Toledo vienen también los buscadores de secretos; o los compradores de Clavículas Salomónicas y San Ciprianos, con la esperanza, cuando no la seguridad, de que aquí, en las librerías de antiguo de sus estrechas y oscuras callejuelas, hallarán el grimorio perfecto para sus ritos y conjuros. Aquí, al menos, fue a donde novelistas de talento, como Arturo Pérez Reverte (1), mandaron a sus protagonistas en busca de una pieza clave. Y no es una vanalidad pensar, que lo que no se encuentre en Toledo, es que, en realidad, no existe.

De aquí partió Don Pelayo, después de la hecatombre de la batalla del Guadalete, hacia las brumosas montañas astures, donde al calor de las cuevas se inició la chispa de la Reconquista. También de aquí salieron las leyendas de objetos primordiales y sublimes, como la famosa Mesa de Salomón, que se hicieron especialmente relevantes en otras ciudades multiculturales, como Madinat al-Salim, Medinaceli, la Ciudad del Cielo árabe.

Aquí se concentraron las tropas -entre ellas el Temple y otras órdenes militares- que en el mes de julio de 1212 descalabraron al ejército almorávide en la batalla de las Navas de Tolosa. Es aquí también, donde los enigmas subterráneos se hacen leyenda dorada, confluyendo en su famosa Cueva de Hércules, lugar apenas explorado y que todavía provoca suspiro y desconcierto entre los investigadores.

En definitiva, aún persiste aquí, en Toledo, un sabor a glorias pasadas que, en el fondo, no son, sino, humo incierto en los rizos y vericuetos de la Historia.

(1): 'El Club Dumas', llevada al cine con el título de 'La Novena Puerta'.


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2 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! O ¡Qué hay de nuevo! Ando por aquí, circulando por los blogs y tras descubrir "Nódalo", ocre y casi sin vida, pero sí con orgullo, me he dado otra vuelta por Toledo, realmente ¡Fascinante! Sitio de encuentro desde el inicio de los tiempos, de cultura, donde se cruzaron los caminos de varios pueblos que dejaron su huella allí y que en este caso también sirvió de cruce de caminos para una serie de personajes de distinta procedencia, con un fin común ¡Compartir y pasárselo güay!
Besos.

juancar347 dijo...

Tú mejor que nadie, bruja, sabes lo mucho que me gustó Toledo. También, que era mi primera visita, ya ves, y como se suele decir, la primera impresión siempre deja huella. Pero no te falta inspiración cuando dices lo de un cruce de camino para personajes con un fin común: compartir y disfrutar. Realmente inolvidable. Me alegro que te guste. Un abrazo