jueves, 26 de agosto de 2010

Zaragoza: Santuario de la Virgen de Jaraba


Aunque pertenece a la provincia de Zaragoza, hubo un tiempo en que la zona perteneció -según Fuero, aunque también es cierto que puesto en duda por algunos historiadores- a una tierra pródiga en santuarios y apariciones marianas: el Señorío de Molina de Aragón; o más concretamente, como se denominó en tiempos, Molina de los Caballeros. Recordemos, como ejemplos significativos, los santuarios de la Virgen de la Hoz, de la Virgen de Montesinos -de igual nombre que la famosa cueva manchega, donde el más universal de nuestros hidalgos caballeros, don Quijote de la Mancha, protagonizó una de sus extrañas, iniciáticas aventuras- y el monasterio de monjas cistercienses de Buenafuente del Sistal.

Si bien hacía tiempo que tenía conocimiento de este lugar tan peculiar, no fue, si no de casualidad, como me topé con él de camino a Calatayud, señalizado en un desvío de la N-II, a una distancia de 30 kilómetros, aproximadamente, de ésta emblemática población aragonesa; a 15 kilómetros de Nuévalos y a 16 kilómetros de un lugar eminentemente mágico, como es el Monasterio de Piedra y su inolvidable entorno.



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Al igual que en otros lugares posteriores de culto mariano, en el entorno sobre el que se asienta este santuario, se ha constatado la presencia celtíbera. Incluso se sabe que los romanos aprovecharon ampliamente las propiedades termales de sus aguas, siendo el lugar también conocido por visigodos y árabes. Estos últimos, lo llamaba Xa-raba, término que significa agua de breña.
No es de extrañar, por tanto, que Jaraba sea en la actualidad -aunque un simple vistazo al pueblo, no lo parezca- uno de los núcleos de población más prósperos de Aragón, motivado por la fuente de ingresos que le proporcionan su fábrica de agua -Fuentelobo, si mal no recuerdo- y sus tres balnearios.
La aparición de la Virgen se remonta al siglo XII, en pleno desarrollo de esa apasionante etapa histórica conocida como la Reconquista, y ampliando el paradigma afín a la gran mayoría de este tipo de acontecimientos supranaturales, los protagonistas son unos pastores. El lugar fue conquistado por Alfonso I el Batallador y utilizado como puesto froterizo de la comarca de Calatayud. De ésta época data la primitiva iglesia -actualmente, no queda rastro- que se levantó a 720 metros de altitud, en una terraza situada en uno de los imponentes desfiladeros del denominado Barranco de la Hoz Seca.
Se sabe que durante generaciones, el Santuario dependía de los canónigos de Nª Sª de la Peña, de Calatayud; un lugar hoy en día totalmente reformado pero que, en la época a la que nos estamos refiriendo, dejaba entrever la existencia de una Virgen Negra -cuya figura original se perdió irremisiblemente en un pavoroso incendio- y la proximidad de una agrupación religioso-militar cuya sombra, sospechosamente, acompaña con no menos sospechosa generalidad a tal tipo de vírgenes y advocaciones: los templarios.
Como datos anecdóticos, añadir que en este lugar, la tierra destila una especie de aceite que tiene, al parecer, las suficientes cualidades terapéuticas para curar algunas enfermedades; que hubo una piscina de aguas termales junto al Santuario que, al parecer, gozaba de similares caracteristicas y que dista, aproximadamente, 9 kilómetros del Barranco de la Hoz, lugar donde se sitúa otro importante santuario y foco milagrero, distante 10 kilómetros de Molina de Aragón: el de la Virgen de la Hoz.


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