martes, 14 de septiembre de 2010

La efímera belleza de los girasoles

Por una extraña razón, siempre que los veo me recuerdan estrellas fugaces, gloriosas de luz durante una infinitesimal fracción de segundo, antes de apagarse y desaparecer definitivamente por la línea del horizonte. Un horizonte inalcanzable; igual que ayer; igual que hoy; igual que mañana. Como ese sueño que ha rondado el corazón de los hombres a lo largo de la Historia, y cuyo nombre -a pesar de los pesares- no dejamos nunca de pronunciar con un sincero anhelo de nostalgia: Libertad.
Por supuesto, me refiero a esos hermosos, fugaces en su vitalidad, y sin embargo eternos deshauciados, que son los girasoles. Esa sempiterna manifestación vegetal que, cuál rémora unida vitalmente al tiburón, persigue siempre al sol, sin que parezca importarle en demasía el gueto donde nace, que de hecho, será la fosa donde yazga...





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2 comentarios:

Alkaest dijo...

Esos oceanos amarillos, siempre nos han fascinado. En medio del verdor de la campiña, es como si a una divinidad se le hubiese derramado un gigantesco barril de pintura, cuando iba a repasar las líneas de la carretera...

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

A mi me ocurre igual: me fascinan y a la vez me apenan, pues su existencia es brillante, pero desgraciadamente efímera. Un abrazo