jueves, 27 de enero de 2011

Nostalgias de Peregrino

Me pregunto por qué hay ocasiones en las que resulta tan difícil hablar de los seres o de los lugares que se aman. Es como si el cerebro, racional a pesar de todo, decidiera por su cuenta convertirse en improvisado carcelero, y sin más razón que un dictatorial capricho, decidiera dar un golpe de estado sobre los sentimientos.
Peregrinos y cansancio, son eternos compañeros; y es después de una dura jornada, cuando ambos, acosados por el entumecimiento y las agujetas, se solidarizan como hermanos y se hacen confidencias.

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Hoy me siento cansado, le digo a mis dolores. Ocurre a veces, sobre todo cuando hay muchas cosas de las que hablar; una pasajera soledad para madurarlas; algo de tiempo para escribirlas y un desesperante atasco en las catacumbas del alma para liberarlas y gritarlas a los cuatro vientos.
Ignoro si será nostalgia, o quizás haya sido poseído por ese peligroso demonio que, de nombre Meridiano, inocula sigilosamente el terrible veneno de la acidia. Sólo sé, que cuando llegan estos momentos, no puedo evitar buscar refugio en esa tierra de donde proceden mis raíces, y donde, en parte de mi infancia, fui el niño más feliz del mundo. Siquiera por unos momentos, retorno al hogar, retorno al Norte y a esa mar sabia y bravía, que un día me enseñó que como el vaivén de sus olas, todo en la vida viene y va; excepto la Amistad.
Tal vez haya dicho cosas sin sentido, como dijera una vez Jorge Luis Borges y todos mis recuerdos se los llevara la marea. Pero no importa, porque después de todo, sólo quería relajarme...antes de continuar.

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7 comentarios:

Baruk dijo...

Es él, sin duda. El Demonio Meridiano nos acecha a todos.

Sin ir más lejos, hace unos cuantos dias que lo oigo resoplar junto a mi nuca. Que desagradable sensación, verdad? Ese pesado aborrecimiento que se esparce como una maloriente fragancia no puede proceder más que de él.

Recuerdo que hace unos años buscabamos que virtud era la que podía contrarestarlo, pero resulto ser el único "pecado" que no tiene antídoto.

Lo único que se puede hacer antes nos alcance su saeta es
...reconocerlo y salir corriendo!!

Así que calcemonos caminante, no vaya a encontrarnos despistados!

Besines

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Alkaest dijo...

Hemos visitado "las Asturias de Oviedo" en varias ocasiones, pero sobre todo recordamos dos grandes viajes, en 1986 y 2000, cuando tuvimos ocasión de profundizar en los paisajes y las gentes de esas tierras.
Haberlas podido vivir, durante la infancia, como nuestro compadre "Peregrino", es un privilegio que envidiamos sanamente.
Por eso, no nos extraña su "morriña", en este día gris y lluvioso de enero. Es una tierra por la que, niño o adulto, se puede sentir nostalgia...
Es una comarca mágica, a cuyos verdes prados, escarpados montes, y entrecortadas costas, siempre se desea volver.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Sí, eso pensé, recordando la magnífica entrada de Salud y Románico referente a la portada del Santuario de la Virgen de la Peña, en Sepúlveda. Aunque todavía, Barukiña, el demonio Meridiano está lejos de vencerme. Por si acaso, en el día de hoy, la morriña se ha evaporado viendo nevar en Soria. Un abrazo
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Magister, sé que en algunas cosas parecemos sentir como almas gemelas. Es difícil viajar a un lugar como Asturias y no sentir una curiosa sensación de dejarse un pedacito de alma cuando uno la abandona. Siendo pequeño, durante los periodos vacacionales, conocí la magia de la Xanas, las cuevas con los tesoros escondidos de los moros, el Cantábrico, amable y enfurruñado, pero siempre imponiendo respeto...Una pequeña aldea, a lo sumo siete vecinos, rodeada de magia. Nunca conseguí pescar a la Reina de las Truchas, y aunque parezca mentira, nunca supe el nombre de ese río. ¿Sería, quizás, Sirelei?. Como le digo a Baruk, hoy estoy feliz: he vivido la magia de la nieve en Soria, con una compañía muy especial, y por un momento he dicho adiós a la morriña....Un abrazo

KALMA dijo...

Hola Juancar! La morriña de la tierra que vieron nuestros primeros pasos y ese demonio travieso...
Unos videos preciosos, que me recuerdan el mar, tan lejano...
Y sabes, para mí... y aunque sea defícil, trasmites sin mácula las sensaciones de los lugares que amas, tan bien, que los pones en mi mano, a lo mejor es que soy bruja y no persona. Amas los sitios Juancar, los sientes y naturalmente fluye todo.
Un beso.

juancar347 dijo...

Hola, bruja. Como digo y diré siempre, Asturias forma parte de mi alma; la llevo en la sangre, y no es vano el refrán que dice que la sangre tira. En la vida, el maldito demonio Meridiano aparece más veces de las que nos gustaría; cuando lo hace, este, sin duda, es uno de mis mejores refugios. Es difícil que, contemplando esos montes, esas imponentes montañas, esa mar bravía...la Musa de la inspiración no vuelva a ocupar el lugar que la corresponde. Cierto, siento los sitios; he aprendido a escucharlos, a hablar con ellos con esa íntima complicidad que da el silencio; ellos me cuentan y yo escribo. No es de extrañar que sea menos hábil a la hora de expresar lo que las personas me transmiten. En cada uno de nosotros, a diferencia de los lugares, no existe una única Verdad, sino muchas Verdades; cada uno tenemos las nuestras y en ocasiones, nuestras Verdades chocan con las Verdades de los demás. El amor, por ejemplo, es un sentimiento que cabe incluso dentro del ser más frío en apariencia; ocurre también, que a veces no sabemos interpretarlo, porque lo comparamos con nuestras propias convicciones, o con nuestros propios deseos, y queriendo o sin querer, damos la oportunidad al choque o al malentendido. Al contrario que con los lugares, cuando hablamos de los sentimientos entre las personas, lo hacemos, generalmente, desde el punto de vista de nuestros deseos y simplemente porque son nuestros, ya los consideramos la Gran Verdad. El problema es que nos cuesta reconocerlo. En fin, que sea por un motivo o por otro, nadie es ajeno a la visita del Demonio Meridiano y la acidia que provoca. Siempre es bueno tener un lugar, un santuario, donde refugiarse y alejarse de su anodina influencia. Un abrazo

Alkaest dijo...

Desde luego, la tierra astur es la mejor -junto con algunas de sus aledañas- para comabatir al maligno "Meridiano" y sus inyecciones de "acidia".
¿Por qué? Muy sencillo, allí hay infinidad de dundecillos, genios y espíritus de la naturaleza, capaces de arrastrar de los pelos al xodío "Meridiano" y hacerle tragar su propia medicina.
Cuando creas que te ataca, llama en tu ayuda al Cuélebre, la Xana, el Busgosu, el Diañu Burlón, el Ñubero, la Guaxa, el Trasgu, el Zamparrampa, e incluso a María les Campanilles, y verás como los hacen salir a escape.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

No me cabe duda. Ahora bien, y en tu comentario, estimado Magister, se demuestra que nunca se acuesta uno sin aprender algo nuevo; porque pensaba que conocía a todos los amigos que me citas que, de hecho, me acompañaron en numerosas ocasiones por mis correrías en la aldea. Ahora bien, los dos últimos, el Zamparrampa y la María les Campanilles...¡esos dos sí que se me escaparon! Un abrazo