domingo, 10 de abril de 2011

Regumiel de la Sierra y el oscuro encanto de las ignitas prehistóricas


En Regumiel de la Sierra, provincia de Burgos, tuve una sensación similar a la que experimenté cuando recalé en el dolmen de San Martín de Montalbán, Toledo: decepción. Digo decepción, y espero que no se me malinterprete, echándole la culpa a la imaginación. A veces, creo que es tal la ilusión que nos formamos cuando escuchamos algo relacionado con nuestro más remoto pasado, que enseguida nos imaginamos decorados típicos de Hollywood. La idea hollywoodiense que me formé referente al monumento funerario toledano, era similar, en comparación, a esos fenomenales complejos megalíticos característicos de ciertas zonas peninsulares, como Antequera o Álava, en las que uno enseguida sabe lo que ve, porque tienen la forma -grandes mesas de gigantes, por poner una comparación- que uno siempre espera encontrar. El dolmen de San Martín de Montalbán apenas puede describirse como un conjunto de pedruscos, de diversas formas y tamaños, ante el que se podría pasar de largo, si no fuera porque un cartel situado en la base del monumento te aviso de que eso es, precisamente, lo que estás buscando. Con las ignitas, o las huellas de dinosaurio de Regumiel, pasa exactamente lo mismo: aún a pesar que quedar perfectamente delimitadas en un pequeño espacio amparado por una valla metálica, cuesta hacerse a la idea de que realmente estés viendo algo espectacular o al menos que coincida con esas grandes huellas de saurio capaces de aplastar a un ser humano si le cayeran encima. Como digo, la imaginación juega un papel importante: tal vez fui buscando un parque jurásico a un lugar en cuyo entorno cuesta creer que tan poca cosa haya sobrevivido de un tiempo en el que los dinosaurios dominaban la tierra.

Por otra parte, no puedo decir que no disfrutara de mi paseo por Regumiel, porque de hecho, me pareció un entorno idílico en el que detenerse unos instantes y relajarse contemplando una naturaleza en expansión, de verdes prados circundados por espesos montes en los que sobresale con abundancia la materia prima de la región: los interminables pinares. Y a fin de cuentas, tan inolvidable es la estampa de un pueblecito de hermosas casitas de piedra y tejados de roja arcilla contrastando con el verde de los montes y alguna cumbre nevada en la distancia, como la visión de un parque donde, entre innumerables monolitos megalíticos sobresale la figura aterradora de un tiranosauro lanzando al viento todo el bramido de su poder.

Y es que, el que no disfruta de su paseo, es porque no quiere.


2 comentarios:

RIVIERE dijo...

Muy guapas las ignitas, me parece ver que hay también ripples ¿o es una impresión mía?.
Un abrazo

juancar347 dijo...

En realidad, no sabría decirte; en este tema (y en muchos otros) pero sobre todo en éste, soy un auténtico neófito. Tampoco quedé demasiado impresionado, aunque, como digo, la imaginación y el deseo a veces juegan malas pasadas. Un abrazo