jueves, 18 de agosto de 2011

Mágica Asturias

Hablar de Asturias conlleva, inevitablemente, caer en el hechizo de palabras como medida, proporción, perfección, altura, belleza, Historia y Tradición; adjetivos calificativos, de cuyo mínimo común denominador se obtiene, una vez mezclados en el Atanor de la Expresión, la más áurea y brillante de todas ellas: la Magia.
Una Magia, sin duda, especial; una Magia que cada visitante -alquimista y buscador, en el fondo, de lo misterioso y lo primordial- intuye, independientemente de las rutas que considere conveniente realizar.
Mi última ruta por tierra Astur, se desarrolló por Oviedo -Ovieu, Ovietum- y sus cercanías, extendiéndose por Concejos vecinos, testigos y guardianes de una longeva, lejana Tradición. Lugares que no pueden faltar en este blog, y de los que iré hablando en el futuro -libremente como hombre, aunque viajando como poeta por el infinito del Misterio, como diría ese gran erudito y pensador que fue Mario Roso de Luna (1)- pero que aquí, y a modo de presentación, agrupo y apenas me detengo un momento en ellos:
- la perfección áurea de sus monumentos prerrománicos, justamente calificados como Arte Asturiano por su singularidad, única en el mundo, como Santa Cristina de Lena, Santa María de Bendones, Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santo Adriano de Tuñón y la malograda Santa Eulalia de Mérida, en Santolaya que, aún después de ser incendiada durante la revolución de 1934, aún conserva la lápida fundacional, verdadero documento de identidad que la valida en siglo IX.
- el encanto de sus pueblines -pueblines del Camín-, como Santa Eulalia de Morcín, La Piñera -donde se hizo famosa la coplilla picaresca del cura y la molinera, con perdón de don Miguel Ángel, párroco de Santolaya, al que debo gratitud y respeto- Pedroveya, El Campo, Peñerudes, Argame, San Martín de Teverga, distribuídos a lo largo y ancho de los Concejos de Morcín, Quirós, Santo Adriano y Proaza.
- la magia mística de montañas como el Monsacro, sagradas desde tiempos inmemoriales y en cuya cima, a la par que los testigos ancestrales de dólmenes y túmulos funerarios, se cierne la sombra de los templarios, según tradición, en sus ermitas de La Magdalena y de Santiago.
- la belleza inconmensurable de sus monumentos naturales, como el desfiladero de las Xanas, espina dorsal que se extiende por los Concejos de Quirós y Santo Adriano.
- el misterio de su arquitectura tradicional, expuesta en sus hórreos milenarios. Fascinación que queda reflejada en el trabajo de un rey Sabio, Alfonso X, en el milagro narrado en su cantiga 187 donde, curiosamente, en un monasterio de Jerusalén, la Virgen, ante el ruego de los monjes, llena de trigo los graneros. No hace falta decir, pues se ha dicho ya, que dichos graneros -¡admiración de admiraciones!- son representados como hórreos.
- el románico, digno de estudio, de Sograndio y Priorio, conservándose en la iglesia de San Juan Bautista de ésta última, uno de los escasos tímpanos del Principado.
- y sobre todo, los inconmensurables enigmas de lugares como la Colegiata de San Pedro, en San Martín de Teverga, o la desconcertante y enigmática iglesia de San Vicente de Serrapio, en el Concejo de Aller.
- contando también, como es de rigor, con la magia visual de sus montes, bosques, prados y riachuelos.
Y no sigo, porque la Magia de tres días, exhaustos pero repletos, no dá para más; sino para decir hasta pronto y preparar nuevos desplazamientos en el futuro.







(1) A todo aquél que quiera penetrar en el Universo Mágico asturiano, les recomiendo la lectura del libro El Tesoro de los Lagos de Somiedo.

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