martes, 3 de abril de 2012

De Astorga a Ponferrada: El Acebo



Ya en su primera Guía de la España Mágica, ese infatigable caballero de los caminos que fue Juan García Atienza, recientemente fallecido, comentaba de este singular pueblecito leonés, el terrible fantasma de la despoblación que comenzaba a dejarse sentir en el lugar, y de una manera más o menos poética, recordaba el chirriar de los maderámenes de sus medio hundidas casonas cuando el viento soplaba por aquéllas alturas. Algo ha cambiado el pueblo en este sentido, aunque quizás no se note tanto en su calleja principal, donde las casas denotan, posiblemente, una necesidad imperiosa de restauración, en algunos casos, hasta el punto de que en los balcones tradicionales, se advierta el vencimiento que sobre la madera ejerce un monstruo tan voraz, como es el tiempo; pero sí se advierte mejor, en su Ayuntamiento y en las casonas de piedra y novísimo tejado de pizarra, situadas detrás de éste.

También advertía Atienza, de la naturaleza precéltica del lugar. Una naturaleza que comienza a advertirse, sin ir más lejos, en el nombre acebo que, junto con el múerdago, conformaba también otra de las plantas sagradas de los celebérrimos druidas. Como recuerdo a éstos, todavía se conserva a la entrada o a la salida del pueblo -dependiendo de si uno viene de Astorga o Ponferrada- una curiosa fuente, conocida por los peregrinos a lo largo de los siglos, que responde al significativo nombre de La Trucha o Truite, en francés, apelativo con el que eran conocidos, así mismo, los referidos druidas celtas.

Guarda también este pueblo, una singular imagen románica del siglo XII, de Santiago Apóstol, por cuya visión, bien merece la pena un desplazamiento al lugar, pues sin duda se trata de una de las imágenes más antiguas que existen del Santo Patrón Jacobeo. De aquí parte, también, el camino -afortunadamente, la carretera ha mejorado mucho desde aquéllos felices tiempos en que Atienza recorría los más intrincados caminos peninsulares en su baqueteado Land Rover- que descendiendo a lo más profundo del Valle del Silencio, lleva al curioso y al peregrino a uno de los lugares más antiguos y emblemáticos de los alrededores: el pueblo y la herrería de Compludo, que continúa funcionando como el primer día, remontándose su origen, nada más y nada menos, que aquél oscuro siglo VII en el que, con posterioridad a las invasiones africanas, comenzaba a producirse en el lugar uno de los fenómenos más destacados de todo el Bierzo leonés: el eremitismo en masa.





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