domingo, 15 de abril de 2012

La Cruz de Hierro de Foncebadón

'Los peregrinos de hoy, como los de antaño, seguimos la tradición pagana de echar una piedra al montículo que sostiene una humilde cruz levantada sobre un palo de roble a 1500 metros de altura. Al arrojar la piedra pronunciamos la oración de la Cruz de Hierro: "Señor, que esta piedra, símbolo del esfuerzo de mi peregrinación, que arrojo al pie de la Cruz salvadora, sea la que, llegado el instante en que se juzguen los actos de mi vida, sirva para inclinar la balanza a favor de mis buenas obras. Así sea"' (1).


No podía despedir, momentáneamente, ésta etapa de mi breve experiencia por tierras leonesas, sin comentar, siquiera sea de una manera breve y posiblemente romántica, un lugar como éste donde se asienta la denominada Cruz de Hierro de Foncebadón. Recuerdo que lo alcanzamos poco antes del mediodía y después de dejar atrás las singularidades relacionadas con el pueblo deshabitado de Manjarín y la Encomienda Templaria de Frey Tomás, a quien no tuvimos el gusto de conocer, por encontrarse ausente. Aún había nieve por los alrededores y aquélla dichosa circunstancia, dotaba al lugar, sin duda, con un colorido especial. A la izquierda del camino, anclada como un arca en la pradera y rodeada de pinos, la pequeña ermita de Santiago -propiedad del Centro Galicia de Ponferrada- se solazaba cual felino, templándose con los rayos de un sol, que la alcanzaban de frente. Esa circunstancia, hacía que en el tejado la nieve comenzara a derretirse, deslizándose en goterones por los laterales, formando brillantes charquitos en el suelo. Algo más allá, en la cúspide de una pirámide inmemorial que constituye el Axis Mundi sobre cuyo centro se eleva el tronco de roble que soporta la Cruz, unos peregrinos japoneses sonreían a los objetivos de sus cámaras Nikon -lo siento, tengo pasión por esta marca- inmortalizando un momento que llevarían consigo el resto de sus vidas. Después continuaron su camino, alejándose sonrientes hacia las entrañas tebaicas del Valle del Silencio. Supongo que a estas alturas, después de un feliz retorno a su hogar, en el País del Sol Naciente, pensarán en Foncebadón y su peculiar Cruz de Hierro, comparándolo, quizás, o al menos en esencia, con algunos de los santuarios sintoístas de su país, como Ise e Izumo, donde aún alienta el Espíritu. Porque esta es la cuestión primordial, en mi opinión, de lugares como Foncebadón, receptores, hasta la consumación de los tiempos, del espíritu de los cientos, miles de peregrinos que mezclando paganismo y fe, pasaron por aquí, despojándose, junto con la piedra que llevaron exprofeso en sus mochilas, de una parte de su corazón. Una parte de su propio espíritu que, pese a todo, conserva parte de una tradición primordial, que cada día se va viendo más alterada, con el depósito de objetos personales que, no puedo evitar preguntarme, serán del todo agradables a los ojos de esos dioses protectores de los caminos.


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(1) José Manuel Somavilla: 'Guía del Camino de Santiago a pie', Ediciones Tutor, S.A., 2ª edición revisada y actualizada, 2003, página 72.



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8 comentarios:

Angel Almazán dijo...

Y el frío que tuviste que pasar.... Conmueve ver los calzados, la viera... al pie de este magno Tótem jacobeo... En la provincia de Soria tenemos tres montículos de piedras arrojadas por la feligresía en otras tantas romerías marianas... Y en el Islam arrojan las piedras contra el "diablo" en su Fiesta Grande o 'Eid al Adha'...

juancar347 dijo...

No te creas, Ángel. Llegados a ese punto y con el solecito, no se estaba demasiado mal. Fue mucho peor a primera hora de la mañana en Molinaseca, que hacía un frío espantoso, hasta el punto de que resultaba toda una proeza manejar las cámaras. Foncebadón y su Cruz de Hierro, son lugares realmente sorprendentes, de donde se pueden sacar numerosas conclusiones. El lugar, desde luego, impone. Un abrazo

Alkaest dijo...

Creo recordar un amable japonés que, voluntariamente y sin que nadie se lo pidiera, se ofreció para hacernos una foto junto al mástil, sobre aquel promontorio pétreo, cargado de emociones, inquietudes y anhelos de tantos y tantos peregrinos que por allí han pasado a lo largo de los siglos.
Un lugar esencialmente mágico, cuyo "árbol" mistérico hunde sus raíces en la vieja espiritualidad céltica.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

En realidad, Magister, eran cuatro los japoneses que, habiendo llegado unos minutos antes que nosotros, coronaron el monxoi de la Cruz de Hierro. Pero, en efecto, tienes razón: uno de ellos, amable, sonriente y sobre todo solícito, se prestó voluntariamente a hacernos una foto, para que también tuviéramos un inolvidable recuerdo de un momento sublime. Por eso me gusta el Camino, porque en él, el compañerismo y la solidaridad se expresan por sí mismas sin necesidad de que se las empuje a aflorar. Fue un gran momento, no cabe duda. Un abrazo

KALMA dijo...

Hola, un lugar mágico donde los peregrinos se dan cita desde hace siglos y sienten su sueño cerca, un sitio para recordar. Besotes.

juancar347 dijo...

Sí que lo es, bruja. A simple vista, quizás no lo parezca: un lugar tan solitario, tan desierto, hasta cierto punto tan árido y su silencio, un silencio milenario, un silencio berciano. Pero es también un lugar de esperanza, porque el peregrino sabe que a partir de ese punto, cu camino se hace más cómodo hasta Ponferrada.La próxima vez que vuelvas por León, hazte esa ruta, merece la pena. Un abrazo

Baruk dijo...

Jóó!! pero que guapetones habeís quedado en la foto que os hizo el nipón... se nota que entienden de tecnología!!

Menudo montículo más alto, cuanto peso se han quitado de encima los peregrinos!!

Abrazines

juancar347 dijo...

Eso mismo pienso yo, si no llega a ser por la tecnología de Nikon, seguramente no hubiéramos dejado de parecer unos monstruítos plantados al lado del poste. Como verás, por otra parte, un milenio dejando pedruscos, da bastante de sí para formar una pirámide. Un abrazo