jueves, 13 de junio de 2013

El fantástico templo de la Vera Cruz de Carballino


'En tu tierra -dijo el Principito- los hombres cuiltivan cinco mil rosas en un mismo jardín...Y no encuentran lo que buscan...
- No lo encuentran -respondí.
- Y, sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua...
- Seguramente -respondí.
- Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón' (1)

Quizás la clave para encontrar algo esté, precisamente, en el detalle puntual de no buscarlo. Yo no buscaba nada especial en Carballino. No porque considerara que Carballino no fuera o no tuviera nada interesante que mostrar, sino porque no podía predecir que en mi búsqueda de otros lugares, fuera a pasar precisamente por allí. Pero pasé. Lo hice con los dedos cruzados, como siempre que viajo siguiendo las indicaciones del GPS, dejándome llevar, en esta ocasión, hacia Astureses. Mejor dicho, hacia lo que, equivocadamente, pensaba que era la iglesia templaria de San Julián de Astureses, participando inocentemente en un error histórico –como supe algún tiempo después- cometido por un grande de la España Mágica, como fue Juan García Atienza, quien, por algún misterioso motivo que me temo que nunca conoceremos, jamás rectificó en sus guías, ni tampoco en algunos de los otros libros dedicados al Temple que publicó después. Detalle, que hasta cierto punto me exime del hecho de que, dejándome llevar, como decía, yo también confundiera la iglesia de Santa María de Xuvencos, con aquélla otra de Astureses, donde todavía reposan los restos mortales de un auténtico hermano freire, aparte de algunas otras referencias, en cuanto a simbolismo se refiere, no exentas de genuino interés. Ahora bien, a lo hecho, pecho. Amén, y volvamos a Carballino.
Ocurrió, al regresar de Xuvencos. Y también por error –en ocasiones, la torpeza compensa, después de todo-, pues habiéndome pasado un desvío que indicaba la dirección del interesante Monasterio de Oseira, que también entraba dentro de mis planes de ruta, la casualidad –siempre digo, que no creo en ella, y cada día me reitero más en mi afirmación- quiso que, callejeando para hacer un cambio de sentido, me encontrara con ella. Así, de frente, como un espejismo monumental en mitad de un desierto urbano; o quizás, a la manera de esos amenazantes gigantes que se interponían en el camino del más noble de nuestros caballeros, don Quijote de la Mancha; gigantes que, en el fondo, no dejaban de ser simplemente molinos, por mucho que llamaran la atención y parecieran otra cosa.


Su estructura, y sobre todo, la disposición egocéntrica de los entramados de su torre, hicieron, al principio, que un nombre inmortal acudiera a mi memoria, con la pertinencia implícita de una inesperada pero grata visión: Gaudí. Pero no, el insigne genio de origen catalán, amante incondicional de las estructuras mágicas de la Naturaleza y su aplicación funcional en la Arquitectura, no tenía nada que ver con aquél curioso poema arrítmico y de múltiples facetas estilísticas que tenía frente a mí. Era, pues, todo un enigma, que atraía a la vista como el olor del queso se insinúa traidoramente al olfato del confiado ratón. Un enigma, evidentemente monumental, que se valía de una indisciplinada conjunción de estilos y detalles artísticos, que jugaban con las normas elementales afines a la Geometría Sagrada. No obstante basada en ella, y en esos estilos, románico y gótico, principalmente, que se fueron desarrollando a medida que el vapuleado, sufrido y humillado pueblo ibero comenzaba otra vez a especular con su identidad perdida, y a medida que avanzaba la Reconquista, los reyes comenzaban a soñar con el Imperio y la recuperación, precisamente, de ese documento nacional de identidad, el pueblo de Carballino tuvo un sueño. Fue un sueño moderno, desde luego, que se gestó, quién sabe si durante una shakesperiana noche de verano, y lo hizo a instancias de un prelado visionario –dicho sea, en el buen sentido y con todo el respeto- llamado D. Evaristo Vaamonde da Cortiña, cuando el mundo estaba en una fase inicial del equilibrio de fuerzas en una contienda brutal, de la que se benefició un nuevo y no sé hasta qué punto, terrorífico Tripartito: la Muerte, el Comunismo y el Capitalismo. Cuando ocurrió esto y se colocó la primera piedra, apenas se había abierto la Jauna Coeli del Bautista, que marcaba, sin innecesarios aspavientos, pero con escrupulosa naturalidad, el solsticio de verano. El año fue 1943 y el día, el 26 de junio. Con la intervención de todo un Maestro Cantero –Oficio, y lo digo con mayúsculas, apasionante, que a mi juicio, se echó a perder definitivamente cuando se convirtió en triste disciplina universitaria- natural de Carballino, Don Jesús González, este interesante templo de la Vera Cruz quedó concluido –yo no sé si a propósito, o porque ya venía marcado desde su nacimiento como condición sine qua num- también apenas recién abierta de nuevo esa Jauna Coeli ya comentada anteriormente, que daba comienzo a un nuevo solsticio de verano: en ésta ocasión, el de julio de 1957.
Según el erudito –natural también de Carballino- Don Felipe Senén Gómez, de este símbolo expresionista, cabe destacar que ‘sus templos son como una suma teológica de la arquitectura histórica de Galicia, en relación también con la arquitectura del Camino de Santiago, con la arquitectura inglesa, el atlantismo y, con los modelos y admiración de Palacios de la Escuela Vienesa’.
Que cada uno, saque sus propias conclusiones. Ahora bien, no quisiera finalizar la presente entrada, sin llamar la atención de curiosos y navegantes, y señalar la presencia, natural o simulada, de tres símbolos fundamentales sobre los que meditar: el Agnus Dei, la Palmera y la Rosa.



(1) Antoine de Saint-Exupéry: 'El Principito', Alianza Editorial, S.A., Vigesimoséptima reimpresión en El Libro de Bolsillo, 1988, páginas 96-97.

6 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! Nunca había visto que se calificase una construcción de egocéntrica, jaja, aunque la verdad y conociéndolo a través de tus fotos si es una construcción grandiosa, fascinante, viendo su alta torre y sus rosetones el interior de deber de ser como el nombre de la canción del primer vídeo "un verso de luz". Me gusta como empiezas la entrada, lo más importante, siempre está en lo más mínimo, en lo sencillo, pensamos que mucho es más y te aseguro que no es así cuando se habla de la riqueza del corazón.
Un besote.

juancar347 dijo...

Hola, bruja. Tienes razón, el egocentrismo sería algo muy humano, pero de esa humanidad y su egocéntrico designio, este templo ha sido el heredero. Por eso llama tanto la atención, sobre todo si, como digo en la entrada, te encuentras con él sin esperarlo, y aparece como un lugar fantástico, tal vez, por su aspecto de intemporalidad, como esas islas evanescentes de las leyendas irlandesas. En fin, que el resultado, aunque curioso, no daña la vista. Lástima que no pudiera acceder a su interior, pero quizás haya otra ocasión en el futuro. En cuanto al Principito y su entrañable sabiduría, hace mucho tiempo que somos amigos. Un abrazo

Baruk dijo...

Recuerdo que ya flipé con las fotos que me enviaste. Es un lugar tan fabuloso!!! creí que edificios así sólo se construyen en los sueños.

Me encantaría verlo. A ver si algún día....

Besos

juancar347 dijo...

Hola, Barukona
Realmente debió suceder así, que el cura y los vecinos se vieron invadidos por un sueño y tras muchas dificultades, surgió este interesante y complejo híbrido, cuya existencia desconocía y con el que me encontré...¿por casualidad?. No sé yo qué decir, cada día creo más en ella. Estoy seguro de que cuando os decidáis a rutear por el Norte, encontraréis muchísimas cosas de interés. De hecho, ayer estuve sin internet por una avería y ahora mismo...me voy pa Lugo. Un abrazo

Baruk dijo...

Pues que vaya muy bien el viaje ... y que disfrutes mucho, mucho y traigas cosas interesantes!!!

Abrazines

juancar347 dijo...

He disfrutado y ha merecido la pena, ya lo creo. Ahora, a preparar la próxima. Un abrazo