viernes, 22 de noviembre de 2013

La iglesia de San Xoan de Portomarín


Portomarín es un espejismo en el Camino de Santiago; una villa reconvertida aún más si cabe en marinera cuando se llevó a cabo la creación del embalse de Belesar, bajo cuyas aguas y en un lecho de limo y olvido, yacen eternamente muchas de las casas del antiguo pueblo. Por eso, poco o nada es lo que parece, pues incluso su monumento histórico-artístico más destacado, la iglesia de San Nicolau o de San Xoán, como es más conocida, tampoco está en su lugar original, sino que fue trasladada piedra a piedra de su emplazamiento a la orilla del río. Y aún así, no obstante, quien visita Portomarín y se detiene a contemplar ésta insigne maravilla que en tiempos formó una de las encomiendas más importantes de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén en la provincia de Lugo, miente si afirma que no le impresionó. Y es que, contemplando la soberbia estructura de templo-fortaleza que tiene esta emblemática joya arquitectónica cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, es difícil no pensar en la catedral de Santiago y escuchar, siquiera sea en la imaginación, el sonido maravilloso de esas prodigiosas campanas, reconquistadas a la morisma siglos más tarde de la terrible razzia de Almanzor, que alentaron con su dulce tañido la sublime creación del Maestro Mateo. Porque aquí, en la belleza y la perfecta factura de sus tres pórticos vemos, cuando menos, parte de esas sutilezas anímicas de un Maestro y de una Escuela que, a base perfección y equilibrio, fueron situando estratégicamente diferentes enciclopedias pétreas para maravilla de unas gentes, peregrinos principalmente, que acudían a Compostela sabiendo -o mejor, intuyendo- que en su duro camino se encontrarían con los mensajes de una escuela subliminal, especialmente preparada, cuya gramática, pura y universal, se basaba, principalmente, en la fuerza que conlleva el rey supremo de los arquetipos que subyacen en lo más profundo del alma colectiva de los pueblos: el Símbolo.
Alentado, quizás, por esa música celestial que, desafiando al tiempo y a la imaginación, parecen interpretar los veinticuatro ancianos del Apocalipsis en peremne sinfonía desde el estrado de su portada oeste o principal -recordemos que como en el caso de las iglesias del entorno de O Cebreiro el peregrino entraba, simbólicamente, de la muerte al renacimiento, del ocaso a la luz-, el peregrino sabe que su próximo etapa queda tan sólo al tiro de piedra que suponen los 9 kilómetros que lo separan de Paradela y los veintitrés de Sarriá.

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6 comentarios:

Syr dijo...

Enigmático tímpano ese de la puerta septentrional. El arcángel Gabriel y María separados por un arbolito de tres hojas y con tres frutos, que disparan la imaginación y la interpretación del símbolo. Y las innumerables marcas de canteria en J ¿ corresponden al mismo cantero o es clara alusión a los compañeros de la Orden titular?. Un abrazo

juancar347 dijo...

En efecto, mi querido Syr, incisivo como siempre, has ido a poner la llaga en dos de los múltiples misterios que guarda este templo. La representación de la Asunción, ya es de por sí extraña, lo cual no deja de señalar la presencia del árbol del conocimiento particularmente en este tramo del Camino de Santiago a su paso por la provincia de Lugo. En Vilar de Donas, ya te lo vuelves a encontrar, con la variante de seis ramas y la interpretación local como 'árbol del demonio'; pero, significativamente, vuelve a aparecer y por partida doble, en el pórtico norte de la iglesia de San Salvador, en Sarriá. Aquí, la particularidad añadida es que hay dos árboles, uno a cada lado de un orante (figura hasta cierto punto misteriosa) y dos pequeñas magníficas cruces paté insertas en su correspondiente círculo. En cuanto a las marcas, yo no hablaría de Js, sino más bien de báculos o de representaciones serpentarias, que parecen concentrarse en un punto muy determinado de la portada sur y que son similares a las que se pueden encontrar en otras provincias como Zamora e incluso penetrando más en Castilla, en Soria (Caltójar). El problema estriba en si están en su sitio original o fueron así puestas cuando se trasladó el templo piedra a piedra hasta su emplazamiento original. Un fuerte abrazo

KALMA dijo...

Hola Juan Carlos! Me encanta esta iglesia por lo poco que parece tal cuando la ves a lo lejos, es una torre y veo que en esta visita sí me hiciste caso jaja, los detalles de de sus tres portadas, el arbolito que menciona Syr, las arpías coronadas... Es maravillosa. La imagino como fuerte o hospital de peregrinos, a un lado del río, justo tras cruzar el puente románico, que como consecuencia del embalse del que hablas, se encuentra en medio de una plaza del pueblo.
Besos.

Syr dijo...

Ya sabes, querido Caminante, que concibo el símbolo como la condensación de un discurso infinito, el origen de una exégesis sin fin fuente de inagotables sugerencias. Por eso, ese tímpano, a mí, particular y subjetivamente, me transmite la representación de el Diálogo místico de la Anunciación en la que Grabriel expresaría a María el concepto de la naturaleza humana (tronco) del Hijo que ha de concebir en su unión con Dios Padre ( hojas) y cuyo fruto generará la Trinidad ( tres frutos). Es un simple parecer, pero te lo quiero ofrecer, aunque sólo sea a beneficio de inventario. Un abrazo.

juancar347 dijo...

Hola, bruja. Sabes que tengo muy en cuenta tus consejos, pues si algo sé positivamente es que realizas unos vuelos muy especiales, en los que tu ojo sorgiño no deja escapar detalles. Se trata, sin duda, de un templo muy elaborado y aunque los templos-fortalezas no eran extraños en la época, éste tiene un cariz muy especial. Tan especial como los ricos y numerosos detalles que conserva y que son continuos desafíos a la imaginación. Cuando estaba en su apogeo, allá a la orilla del río, seguramente más o menos a como tú te lo imaginas, debió de ser algo más que sublime. Un abrazo

juancar347 dijo...

Creo, mi estimado Syr, que coincidimos, al menos en lo básico, en esa maravillosa definición con la que concibes el símbolo. Pero quizás por esa misma razón y ateniéndonos a las múltiples sugerencias, tal vez precisamente esa Anunciación, unida al número de hojas del árbol en cuestión, nos acerque (y en esto, reconozco que ya se pisa arenas si no movedizas, cuando menos incómodas) del gnosticismo y la descendencia de María: ¿Jesús, Jaime y Tomás?. Tomás, o lo que es lo mismo: 'Gemelo'. Imagina, a partir de aquí, la que se podría liar. De hecho, la que hace años que se viene liando. Porque claro, si fuera de la otra manera y habláramos, simple y llanamente del concepto apostólico romano de la Trinidad: ¿dónde queda la figura de María?. Como siempre, incisivo. Pero, de cualquier manera, el inventario queda enriquecido una vez más con tu provechosa aportación. Un abrazo