jueves, 12 de diciembre de 2013

Feliz Navidad y Feliz Camino


Cielos plomizos, puertos cerrados y caminos duros, en algunos tramos particularmente resbaladizos y peligrosos. Después de una larga vigilia, la tierra duerme bajo una impoluta sábana blanca, que cubre el colchón de hojas legado por el otoño. A punto de abrirse la puerta solsticial, la tierra descansa, seguramente soñando con la próxima primavera. Es tiempo de campanas, de panderetas, de cucharillas rasgando el vidrio de las botellas de anís del Mono y también de ramos de acebo colgados de la puerta de los albergues. Hay peregrinos que acaban de retornar a casa, con su Compostelana en la mochila y una experiencia marcada a fuego en su alma, cuyo recuerdo les acompañará toda la vida. Otros, quizás más temerarios, apenas acaban de comenzar su periplo vital y se enfrentan a los rigores de un Camino especialmente duro en estas fechas. A todos ellos, sea cual sea su situación y se encuentren en el tramo que se encuentren, dedico, como viene siendo tradición, mis mejores deseos de una Feliz Navidad y un Próspero y venturoso Año Nuevo 2014. Y por supuesto, a todos los amigos que asiduamente se dejan caer por aquí, no importa quiénes sean, sus creencias religiosas y lo lejos  o cerca que estén.
 
¡Feliz Navidad y Feliz Camino!.


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2 comentarios:

Syr dijo...

Por muchos de esos caminos hechos en tu compañía, por parte de los lugares compartidos, por las vivencias confesadas a la vera de una botella de anís del mono, por tu amistad sincera y franca,y por el honor de tenerte siempre próximo.... Por todo ello y por la suerte de aceptarme como amigo, ¡ Feliz vida, Caminante¡.

juancar347 dijo...

¡Pero cómo no te voy a querer, si me haces reír con la misma facilidad con la que me haces llorar de emoción! Si estás siempre ahí, con el calor de tu amistad y esos sabios consejos que denotan la prestancia de un Maestro, cuyas enseñanzas son siempre la mejor guía y pasaporte para emprender la aventura del Camino. Si no estuvieras a 600 kilómetros de distancia, bandido, te pegaba un abrazo de orangután.
Muchas gracias, de corazón, Manuel. Y siempre, siempre: ¡Feliz Vida, Amigo Mío!