jueves, 2 de enero de 2014

San Martín de Frómista


Bien sabe el peregrino que abandona la provincia de Burgos dejando atrás las mistéricas bendiciones de las Taus del malogrado monasterio de San Antón, en Castrojeriz, que apenas adentrado algunos kilómetros en esos carismáticos Campos Góticos que conforman buena parte de la meseta palentina, su esfuerzo y soledad se verán ampliamente recompensados por la fascinante visión de parte de lo más granado del románico español. Aunque algo alejada de la visión penetrante de los ojos de bronce de San Telmo, hijo predilecto y santo Patrón de Frómista, la equilibrada y esbelta figura de la iglesia románica de San Martín, ha de insinuársele como ese maravilloso canto de sirenas que estuvo a punto de atrapar y perder al homérico Ulises en un turbulento mar de olvidos y mortales placeres. Pero a diferencia de éste, y a falta de ataduras que le mantengan unido al mástil de un bajío conjurando la tempestad, visitantes y peregrinos se dejan voluntariamente seducir, apenas tienen a su alcance la visión de tan emérita maravilla. Y es que, si hemos de ser sinceros, poco importan los lavados de cara y las beatas liposucciones que de alguna manera han ido alterando un cuerpo geométrico que nació concebido para ser perfecto. Como inalcanzable doncella, tan distinguida criatura exhibe, en sus múltiples encantos, las cualidades esenciales que hicieron de los maestros canteros medievales, los ejecutores de la Obra de Dios en la tierra: elegancia, proporción, equilibrio, mesura y medida.

6 comentarios:

Baruk dijo...

Un templo increíble, los muchos "apaños" a los que ha sido sometido no han logrado destruir su auténtico espíritu románico. Los capiteles originales que quedan son fascinantes!

juancar347 dijo...

Es cierto, Laura, en este templo y a pesar de los intentos por silenciar parte de su mensaje original, como bien sabes, todavía se conserva ese espíritu magistral que alentaba a los antiguos constructores. Y no sólo fascina esa mención que haces a los capiteles originales, sino que se incrementa por la gran cantidad de detalles increíbles que conllevan y que muchas veces, en visitas precipitadas, se nos escapan. Cuando volví, el pasado mes de octubre, me quedé sobrecogido. Por eso, que sirva este comentario de aviso a navegantes. Un abrazo

Syr dijo...

Creo recordar que, sotovoce, te comuniqué mi impresión mientras tomábamos un vino ( tú cerveza) en el bar de enfrente. Es una bella mujer, pero sin alma. Prefiero las proporciones de San Pedro de Tejada y me impresiono más en una tarde invernal contemplando las tallas de algunos templos rurales. ¡ Cuestión de sensaciones¡. Pero un perfecto Caminante, como a Santiago, ¡ hay que conocerla¡. Un abrazo

juancar347 dijo...

Es cierto, y precisamente el pasado mes de octubre, en vísperas de la Hispanidad, te llamé precisamente desde ese lugar y si no la misma, una mesa parecida a las que juntamos para sentarnos todos mientras la cámara del Magister echaba humo persiguiendo los 'taitantos' canecillos, je,je. También es cierto, que en aquélla ocasión, coincidía con tu opinión; pero no sé, Syr, serán los años que me acercan a una vejez prematura, pero a pesar de todo, he llegado a la conclusión de que donde falta el alma, quedan fantasmas; y éstos, después de todo, claman a gritos por un poco de atención.
Un abrazo

Baruk dijo...

Di que sí, Juancar, Frómista sí que tiene alma!

...Y si es una "bella mujer" es porque la han hecho pasar por quirófano bastantes veces, pero el alma sigue ahí, hay que saber verla... :-)

*

juancar347 dijo...

Es curioso que lo menciones, Laura, porque a pesar de todo, el quirófano no ha conseguido ocultar la mayoría de los mensajes, aunque sí ha dejado los suficientes rotos como para alterar algunos de ellos. Pero aunque comprendo la posición de Syr (posición que comparto hasta cierto punto), insisto: en Frómista quedan residuos anímicos que bien merecen atención. Un abrazo