martes, 17 de junio de 2014

Santa María de Mave


Siguiendo esta pequeña pero sugerente ruta mágica por el corazón de esta parte de la palentina Tierra de Campos, supongamos que en el centro de una imaginaria pata de oca, custodiando de cerca los enclaves sagrados formados por la iglesia rupestre y el castro cercano a Olleros de Pisuerga, así como el pequeño eremitorio de San Pelayo, situado en el término municipal de Villacibio, las pequeñas poblaciones de Mave y Santa María de Mave, comparten en lo más profundo de sus cimientos una historia lejana, que tiene como base el establecimiento de una comunidad benedictina, que al amparo de la Regla de San Benito, dejó profunda huella en el lugar, con la típica forma y los privilegios de un fantástico monasterio, que aunque venido a menos con el paso de los siglos y reconvertido en la actualidad en un privilegiado complejo hostelero deja entrever, no obstante, parte de esas grandiosidad que lo caracterizó un día.
 
Situada, aproximadamente, a tres kilómetros de Olleros, aún se puede apreciar, en su iglesia, la planta basilical que caracterizaba a las construcciones visigóticas. Su cabecera, dotada, así mismo, de tres ábsides en los que sobresale el ábside central, muestra, aunque bastante deteriorados en algunos casos, unos interesantes canecillos, cuyas temáticas muestran, entre su diversidad, las típicas presencias de elementos foliáceos, algún que otro músico y aunque amordazadas sus patas y su cuello por una cuerda, la siempre relevante presencia de un animal reconocido y a la vez querido por todo peregrino: la oca.

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La hiedra que se adhiere a las paredes de las antiguas dependencias monacales -como se ha dicho, reconvertidas en hotel en la actualidad-, así como la presencia de las emblemáticas y siempre bien vistas cigüeñas anidando en la espadaña, ofrecen al conjunto una nota de pinturesca melancolía, que transmite al espíritu vibraciones perdidas de tiempos pasados.
 
A cinco kilómetros de distancia, y recogido sobre un lugar no menos pinturesco, tranquilo y solitario, nuestra próxima parada: el eremitorio rupestre de San Pelayo.

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