lunes, 8 de diciembre de 2014

En el Corazón de la Sagrada Familia


Sublime, como todo aquello que se hace con los parámetros del alma, penetrar en el corazón de la Sagrada Familia, constituye, no cabe duda, un viaje místico de proporciones tan desorbitadas, como la pasión de un hombre, Antonio Gaudí, cuya línea de pensamiento, no era otra que la ejecución de las Leyes de la Naturaleza, y por defecto, la aplicación de la Física de la Divinidad al servicio de ese pequeño pero genuino microverso al que el hombre se aferra con zarpazos de fiera, que es el Mundo del Espíritu. Hay quien sostiene, que Antonio Gaudí era un ferviente cristiano. Un cristiano convencido y ortodoxo al uso, que aparentemente compartía todos y cada uno de los postulados de una Santa Madre Iglesia que, en algunos casos, compartía y financiaba -posiblemente, más capaz en su labor mefistofélica de conseguir mecenazgos ajenos, que abrir sus propias arcas- unas obras que, a pesar de la incomprensión de la época, ya medraban para ser consideradas como Maestras en un futuro que, paradójicamente, reconoce su genialidad, pero olvida el respeto que siempre mostró hacia el entorno. Un respeto, que le llevaba, en todos los casos, a solidarizarse con él, de manera que la acción humana se adecuara siempre antes de destruir. Por eso, y aunque me lluevan críticas o me tachen simplemente de hereje -digo como en el hospital de Roncesvalles, donde tanto cristianos como paganos tienen cabida-, no puedo por menos que dejarme llevar por la sensación que tuve en el interior de este inmenso corazón vital de la fe: la de haber penetrado en el mayor templo artificial que haya visto en mi vida; un templo que imita, en grandiosidad y perfección el mejor de los templos que el hombre, en su genética ceguera, no termina nunca de reconocer: el de la Naturaleza. Frente a ello, sólo me puedo hacer una pregunta vital: ¿cuál era, en definitiva, la verdadera devoción del Maestro Gaudí?.  

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2 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! Gracias!!! Cuando estuvimos pudimos disfrutar del interior de la Sagrada Familia entre andamios y aún así, llena de trastos, se veía la amplitud y la luminosidad del templo, que como dices, mueve a miles de creyentes y de turistas ¡Ni te cuento! La obra culmen de un genio que hizo de la naturaleza su herramienta y a su vez, la inacabada.
Además, aunque ya esté bendecida por el mismísimo papa, en su momento, en el momento Gaudí, no pensaban lo mismo, la consideraban una herejía como una catedral, en fin, que lo bello se abrió paso.
Un beso.

juancar347 dijo...

Hola, bruja. Es una pena que los andamios te impidieran ver este glorioso corazón. Por fortuna, la parte interior ya está dispuesta y como puedes ver, en fenomenal estado de turista. Eso sí, rebosando de gente, porque lo hermoso, lo bello, lo perfecto atrae siempre a la pasión. A lo largo de la Historia, siempre ha ocurrido igual: en cada generación ha nacido una estrella (hombre o mujer) cuya mente privilegiada nunca ha sido entendida y ha sufrido las iras de la grandísima estupidez. Pero el Tiempo, después de todo, es el mejor amigo del Genio y en su momento, pone a todos en su lugar. Un abrazo