martes, 4 de agosto de 2015

Bozoo: iglesia de los santos Julián y Basilisa


En los llanos que se extienden en las proximidades de Pancorbo y su peligroso desfiladero, y a apenas a una insignificante distancia de una decena escasa de kilómetros de éstos, un curioso pueblecito, que apenas sobrepasa el centenar de habitantes, Bozoo, muestra, entre los restos bizantinos de una iglesia quizás excesivamente reformada durante el siglo XVI y aún con posterioridad, elementos de ese arcaico y sentido lenguaje anímico que, según algunos cronistas y literatos, iluminaba los corazones de los canteros alto y bajo medievales. Es posible que tan singular nombre, Bozoo, derive de esa palabra, bozo, que se utilizaba antiguamente para designar al cabestro o caperuza que se ponía en la cabeza al ganado de tracción, principalmente bueyes. De ser así, nos indicaría, entre otras, la característica ganadera del lugar. Según Madoz, los restos bizantinos sobrevivientes en esta iglesia, dedicada a las figuras de San Julián y de Santa Basilisa, corresponderían, ni más ni menos, que al siglo IX, con lo cual, no resulta nada difícil hacerse una idea aproximada de la venerable antigüedad de un hábitat, parte de cuya historia está ligada, así mismo, a otra población más grande, y distante menos de dos kilómetros, de la que hablaremos en el futuro: Santa Gadea del Cid, llamada Término antiguamente, a la que no hay que confundir con aquélla otra Santa Gadea, en cuya iglesia de Santiago y Santa Águeda, se produjo el famoso episodio de la Jura del Cid Campeador. Dado que su cabecera y buena parte de la nave, se vieron irremisiblemente implicadas en las reformas a las que se ha hecho referencia, el montante bizantino sobreviviente, quedaría reducido, poco más o menos, a la portada principal, situada en el lado sur, y a un notable ventanal, orientado hacia poniente. Aun afectados, en mayor o en menor medida, por la acción del tiempo y la erosión, cabe destacar, entre los capiteles de dicha portada, la presencia de un elemento que, cuando menos, podríamos considerar poco habitual –evidentemente, no imposible ni tampoco único (1)-, en tal lugar y situación: la presencia de un Cristo crucificado. Un Cristo, cuya cabeza –el desgaste en esa parte, no permite asegurarlo con certeza-, quizás estuviera coronada originalmente, a semejanza de numerosas representaciones plásticas de naturaleza netamente románica. Junto a él, otro capitel nos muestra un bello motivo foliáceo, composiciones y temáticas, que quizás, en la mente del autor, respondieran a la intención de poner de manifiesto ese cíclico relevo cultual, que habría de relegar al estado de paganismo al resto de cultos y religiones anteriores. Aparte de los leones custodios, que parecen deslizarse subrepticiamente por debajo de las basas de apoyo de las arquivoltas –el diseño de rodillos de la principal, parece indicar posibles influencias de origen mudéjar- es difícil, pues su estado de conservación no lo permite, precisar la naturaleza y acciones de las figuras antropomorfas del resto de capiteles situados a la izquierda. Muy deteriorada, también en ésta parte izquierda, se aprecia una columna-atlante, que en origen, bien pudiera haber representado a cualquiera de los santos titulares. Por último, comentar que en el diseño del referido ventanal orientado a poniente, se observan formas geométricas –ondulantes y romboidales-, vegetales, así como ajedrezadas, del tipo denominado como jaqués o jacetano, que sirven de cobertura ornamentística a dos capiteles labrados: el de la izquierda, que muestra a un águila con las alas extendidas y el de la derecha, que nos ofrece una curiosa representación bafomética –entiéndase, comparativamente hablando-, de los tradicionales hombres-verdes, alusivos a los antiguos cultos celtas a la naturaleza.

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(1) Otro caso similar, por ejemplo, se puede encontrar en la denominada Puerta del Perdón, de la puntera iglesia de Santiago, en Villafranca del Bierzo, aunque, a diferencia de ésta de Bozoo, su temática está relacionada con otros pasajes de la vida de Cristo, entre los que destacan el sueño y la adoración de los Magos.

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