jueves, 19 de mayo de 2016

Puebla de Sanabria



Zamora, su historia, su magia y su leyenda. Situada a poco más de cien kilómetros de Zamora, con todo merecimiento por el número de iglesias que tuvo y retiene considerada como capital del románico y paso poco menos que obligado para todo peregrino que se dirige hacia Santiago de Compostela siguiendo el interesante trazado de la denominada Vía o Camino de la Plata, la Puebla de Sanabria representa un genuino oasis histórico-cultural, donde merece la pena desembarazarse por unos minutos, por unas horas o por unos días de las vicisitudes del camino, dejando que la imaginación –cuando no la intuición- nos ofrezca una oportunidad ideal de convertirnos en sensibles hermeneutas y tratar de pensar en pasado juzgando los pocos vestigios que nos va proporcionando el presente y esos otros detalles que sobreviven en unas tradiciones que se resisten a morir. Sensibilidad, sobre todo, hacia las huellas de estas últimas, que aun disfrazadas de charanga y pandereta, de jarana y mercadillo, el pueblo, en su sabiduría, se niega a olvidar, haciendo que revivan cada año, particularmente en época estival, apenas recién abierta esa Porta Coeli con la que Jano, Jana, Xana o Diana nos invita cada año a seguir celebrando el solsticio de verano, como celtas, íberos, suevos y romanos hacían per secula seculorum, siguiendo las pautas de unos mitos ricos en  arquetipos que, como la materia, y comparativamente hablando, ni se crean ni se destruyen: tan sólo se transforman. Sensibles, pues, a éstas inevitables alteraciones, no es de extrañar que el dragón alado y rampante que protege una de las puertas de acceso al recinto histórico y monumental, la de San Francisco, nos recuerde la sutil sophia de los canteros del monasterio de Moreruela –cuyas ruinas se levantan todavía orgullosas a escasa distancia de Barcial del Barco y su albergue de peregrinos-, y nos vayan preparando para recordarnos unas veneraciones de personajes cristianizados, que todavía contienen, en lo más profundo de su génesis, buena parte de esa vieja levadura, difícil de digerir, que el gran poeta alemán, Goethe, ponía en boca de Mefistófeles, al referirse éste a su abuela, la vieja Serpiente. Esa misma serpiente, por cierto, que figura en el único capitel historiado que sobrevive en la portada de poniente de la iglesia de Santa María del Azogue o del Mercado, una advocación que, lejos de ser gratuita, recuerda, así mismo,  una tradición de comercio y mercadeo que se remonta ya a los tiempos neolíticos, cuando la más valiosa de las monedas era el ganado vacuno y el mercadeo se realizaba junto a esos primeros antecedentes de templo-cementerio, que eran los dólmenes. Si Santa María de las Victorias -como en Carrión de los Condes, donde tampoco faltan las referencias de bóvidos y sierpes- es la Patrona del lugar, extramuros, y no a mucha distancia, comienza el Camino a mostrarnos la popularidad de una extraña santa -Mariña-, bajo cuya advocación los canteros medievales parecieron poner algunas de las cabezas de los canecillos y metopas de la iglesia de Sejas de Sanabria -de similar manera a como lo hicieron en la torre de la defenestrada iglesia templaria de Santa María de Mombuey-, mirando hacia Orense, quizás hacia ese Santuario de Santuarios que es Augas Santas. Y como en éste, la Santa Mariña se caracteriza no sólo por el dominio de la Bestia, sino por la presencia de antiguos cultos megalíticos en el lugar, sobre los que posteriormente el cristianismo popularizó fenómenos de apariciones marianas.

Pero si algo caracteriza a la Puebla de Sanabria -aparte de su espectacular y legendario lago, atestado de gente en verano- es también por la planta pentagonal de la iglesia de San Cayetano, situada junto a la anterior, aunque levantada con mucha, muchísima posterioridad, junto al castillo o fortaleza de los condes de Benavente y sobre todo, por la arquitectura tradicional, hermosa y vital, de las casas de su casco antiguo, más o menos parcheadas con visos de modernidad, muchas de las cuales lucen todavía con orgullo esos generadores de arquetipos que son también los escudos nobiliarios, aunque se pueda constatar, en algún caso, el narcisismo particular de haberlos recuperado en los talleres modernos.

Sea como sea, siguiendo o no el Camino, Puebla de Sanabria es uno de esos destinos que, por afecto o por defecto, resultan siempre agradables al paladar. Descubrirla, pues, no deja de ser, en el fondo, una gratificante aventura.


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2 comentarios:

KALMA dijo...

"Aquí clavo mi bastón, aquí salga un gargallón" y la aldea de Villaverde de Lucerna la anego el agua por la avaricia de sus gentes, la leyenda cuenta que es el origen del Lago de Sanabria y me viene a la cabeza el libro que me hizo llegar a través de ti nuestro amigo Malvís "San Manuel, bueno y mártir" donde Unamuno relata esta historia. Una entrada preciosa, como el sitio que tan bien describes, como las flores de los balcones de sus casas blasonadas, como el amor encerrado en su castillo.
Oye, no sé porqué pero últimamente no puedo ver tus vídeos. Un beso.

juancar347 dijo...

Es verdad, bruja, que el gran Unamuno cuenta esta historia, aunque existen varias versiones. Resulta interesante que lo menciones, porque todo está relacionado. Las historias de pueblos sumergidos son abundantes y como sabes, también en León tienes una referida al lago de Carucedo. Los bastonazos que inundaron la aldea de Villaverde de Lucerna, tienen también cierta relación con la cabeza cortada de Santa Mariña, que al rebotar en el suelo, fue creando fuentes, y cuyo santuario sé que también conoces, allá en Orense, en Augas Santas. En Valladolid, también tienes un lugar donde el 'agua' y los viejos cultos están presentes: Urueña, vocablo que al parecer, deriva de uru-anna, o lo que es lo mismo, venas o fuentes de agua; en definitiva, con los antiguos cultos lunares y la figura de la Gran Diosa Madre. La suerte de la leyenda del Lago de Sanabria, es que, según parece, Aymerid Picaud lo menciona en su Codex Calistino. Sea como sea, lo interesante es disfrutar del lugar, porque conserva un atractivo y un sabor especiales y también, en la medida de los intereses de cada uno, intentar ir hilvanando esa fabulosa madeja de tradiciones, mitos y ritos que, en definitiva, conforman una serie muy rica de referencias y arquetipos que cada uno debe asimilar e interpretar. En mi opinión, son claves de una 'historia olvidada, que no perdida'. Y esas claves continúan a medida que viajeros y peregrinos se acercan a Santiago y aún más allá, a Fisterra. Por otra parte, no eres la primera que me comentas lo de los vídeos, pero en esto no sé qué decirte: yo sí los veo, por lo que supongo que el problema, a lo mejor, está en el navegador de internet. Prueba a navegar con google chrome, que es el que yo utilizo, a ver si así los puedes ver. Besos