sábado, 16 de julio de 2016

Noya: enigmática Santa María a Nova


'Cuando abandonéis por fin la iglesia de Santa María, una nueva lápida quedará apoyada contra sus muros. Alguien tallará por ti en el lenguaje eterno tu ascendencia y tu linaje, las cosas que has hecho en tu vida y la fecha de tu nacimiento junto con la de tu muerte, que será ese día, durante el cual habrás adquirido una nueva identidad y un nuevo nombre que no podrás revelar jamás y por el que siempre deberás responder ante ti mismo...' (1)

Recuerdo con nostalgia, la primera vez que recalé en Noya y visité este enigmático lugar, que todavía, al cabo de los siglos, continúa siendo la igrexa de Santa María a Nova. Por aquél entonces, yo tenía otro nombre: un pequeño círculo de amistades -hoy día dispersas por las vicisitudes de ese viento inconmovible que se llama siroco-, me llamaban, precisamente, como al protagonista principal de esta formidable novela de Matilde Asensi: el Perquisitore. Era el rastreador implacable que perseguía los antiguos misterios, una vez abandonadas en un barranco esas pesadas alas de plomo que me ataban a la tierra. Mi primer brindis en Noya y mi primera comida de ricos frutos marinos, se produjo en un bareto pequeño, pero de ambiente agradable, desde cuyas mesas mis ojos podían vagar a capricho, peligrosamente hechizados por la belleza de la Ría. De alguna manera, cuando abandoné el recinto de Santa María a Nova, con un montón de claves apuntadas tanto en la libreta de notas como en el corazón, también se quedó allí algo importante de mí, aparte de mi antiguo apodo. Pero eso, claro está, pertenece a esa Musa bienhechora que se llama Secreto. Es cierto que, cuando salí de allí, un nuevo nombre me ha acompañado desde entonces. Los amigos más cercanos, lo conocen. En el futuro, he de volver a descargar lastre en Noya. Entonces, este nombre cambiará también. Pero todavía no es el momento. Baste saber, sencillamente, que no en vano el peregrino se acerca a Noya y que cuando la abandona para continuar su camino hacia ese lugar donde Saturno reúne las almas de los muertos, que es Fisterra, sabe, con prístina certeza, que algo ha cambiado en su interior. Pero no sólo han de ser sus numerosos y fascinantes enigmas los que acerquen a la gente a Noya, pues no deja de ser una gran verdad, que pocos lugares hay tan hermosos de descubrir, como esta marinera ciudad, fundada, según la Tradición por Noela, nieta de Noé. 

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(1) Matilde Asensi: 'Peregrinatio', Editorial Planeta, S.A., Barcelona, 2004.

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